La insoportable levedad de la información sanitaria en Internet

3922708883_ece27feabdCreemos que fue a Miguel Ángel Máñez a quien le vimos por primera vez la ilustración de esta entrada. En ella se recoge una frase atribuida a Mitch Kapor, gurú cuyo nombre es posible que no te diga nada, pero cuya obra (Lotus 1-2-3, Mozilla…) es fundamental en el desarrollo del software de las últimas décadas y en la que, literalmente, afirma que obtener información de Internet es como querer beber de una boca de incendios (o de riego, o un hidrante). Con esta impactante imagen se hacía referencia a la vertiente cuantitativa del problema que supone tener acceso a un caudal de información ilimitado, imposible de gestionar por cualquiera de nosotros. Problema, por otra parte, inexistente antes de que la Sociedad Industrial en la que nacimos desembocara en la Sociedad de la Información que, probablemente, nos verá morir.

A dicha vertiente nos hemos ido acostumbrando paulatinamente: consciente o inconscientemente, somos conscientes del triple no (no podemos estar al día de todos los aspectos, de todos los temas, todo el tiempo) y esta consciencia nos aleja del delirio infoxicador de la Red. Pero a la vertiente cualitativa, no logramos hacernos.

Efectivamente, Internet le dio altavoces a las hormigas e hizo posible, por ejemplo, la existencia de la blogosfera y la aparición de los influencers, versión dospuntocérica de los referentes de toda la vida. En el terreno sanitario, la consecuencia más inmediata fue que, tras el diluvio evidencial, la opinión de experto asomó la patita de nuevo. Eso sí, utilizando para la difusión de su magisterio las redes sociales, que un influencer debe estar a la última. O parecerlo.

También ha hecho posible la difusión masiva de mensajes retorcidos, interesados o, directamente, falsos, que por rebosamiento, empantanan nuestras mentes y confunden nuestro criterio. En muchos casos, ése es el único objetivo para el que fueron concebidos. Dicho lo anterior, parece más necesario que nunca beber de fuentes independientes y realizar una lectura crítica de los artículos que decidamos incorporar a nuestro acervo bibliográfico. O, si lo prefieres en román paladino: estamos diciendo que quien no tenga unas habilidades mínimas en este sentido será una fácil víctima de la manipulación.

Como tú, nosotros no nacimos sabiendo montar en bicicleta. Tuvimos que aprender. Así, en este blog, en el tema que nos ocupa, hemos ido dejando un rastro de migas de pan que, nos consta, los habituales han ido siguiendo. Y hemos recomendado libros como éste o éste, que son obras esenciales para sobrevivir en tiempos de incertidumbre.

Algún despistado puede pensar, llegado a este párrafo, que qué bicho nos ha picado hoy. No ha sido uno: han sido varios. El primero de ellos aparece en las páginas del BMJ donde Nigel Hawkes denuncia los vínculos financieros del panel de expertos que se encargó de poner en el foco los (ahora) terribles efectos adversos de las estatinas y allanar el camino de los nuevos (y caros) inhibidores de la PCSK9. Panel que contó con el inevitable engrase de la industria farmacéutica, en una rocambolesca historia, no por repetida menos indignante, que merece los 5′ que dura su lectura y que tuvo como protagonista a dos ciudades españolas.

El segundo lo encontramos en el JAMA, en un editorial cuyo autor se queja amargamente del uso (y abuso) de las guías de práctica clínica, muchas de las cuales (como a la que se refiere el artículo) no tienen la calidad metodológica deseada ni sus recomendaciones un respaldo evidencial apropiado. Y todo ello a pesar de que, viendo el vaso medio lleno, el autor reconoce que gracias a las recomendaciones del Institute of Medicine se avanza. Lentamente, pero se avanza.

En la misma revista podemos leer un artículo en el que el autor se pregunta cuáles son las cifras objetivo de HTA correctas, a la vista de todo lo publicado últimamente a partir de la aparición en escena del ACCORD, el SPRINT y, en menor medida, del HOPE-3. El artículo nos ha gustado por tres motivos: evalúa y contextualiza los resultados de estos ensayos clínicos (bueno es recordar, por ejemplo, que en el SPRINT la cifra media de PS lograda fue de 123 mm Hg, por encima del objetivo de 120 mm Hg) hace un sensato llamamiento al abordaje del riesgo cardiovascular global del paciente (lejos del hipertensiocentrismo que nos invade) y rompe una lanza por la prevención de este conocido factor de riesgo mediante unos de hábitos de vida saludable. O sea, sin medicamentos. En este sentido, nos permitimos recordarte el (tremendo) impacto que tienen dichos hábitos sobre la presión arterial  superior, en su conjunto, al de cualquier medicamento conocido.

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Terminamos por hoy este atípico post en el que reivindicamos la prudencia a la hora de incorporar nuevas evidencias a la práctica clínica: no sin una concienzuda evaluación y análisis. Si no sabemos cómo, no importa. Como dijo Herbert Simon, Internet también ha cambiado el significado de saber: de ser capaces de recordar y repetir información a ser capaces de encontrarla y usarla. Todo un reto que ha cogido a la mayoría de los profesionales sanitarios con una mano en el bolígrafo y otra en el teclado. ¿Estamos preparados para ello? ¿qué están haciendo los servicios sanitarios al respecto? Tras leer la entrada de hoy de Sergio Minué, nos tememos que no mucho. Algunos, nada. Aún andan enfrascados haciéndose trampas al solitario mientras la realidad, en la que -nos guste o no- estamos inmersos, no espera a nadie…

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2 comments

  1. En mi opinión, y más tratándose del ámbito sanitario, el problema es que la información derivada de los wikis, foros y blogs distorsiona la visión de la realidad del gran público.

    Poder acceder a un sin límite de información proviniente de dudosas fuentes, mezclado con el deseo de ampliar conocimientos, hace que en ocasiones perdamos la perspectiva del rigor.

    El peligro es, por tanto, creerse lo todo.

    Como contrapunto, los profesionales del SNS deberíamos hacer una labor educativa y divulgativa en favor de los canales de información oficiales y acreditados, desde la primaria hasta la especializada.

    Como

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