Sobre perlas y diamantes

En uno de los libros de moda este verano, Si tú me dices ven, lo dejo todo… pero dime ven hemos descubierto que, en nuestra vida, hay personas que son perlas y otras que son diamantes. No es fácil distinguirlas y puede pasar que confundamos perlas con diamantes. Y viceversa. También puede ocurrir que los demás crean que son perlas en tu vida, cuando en realidad son diamantes. Y viceversa… también. Viene esto a colación de que, además de recomendar una lectura fresquita y ligera, pero que provocará más de una sesuda reflexión, en la gestión del conocimiento a veces también podemos confundir perlas, diamantes, o incluso peor: mezclar paja y grano para no sacar nada en claro. En este blog hacemos un considerable esfuerzo para descubrir las hidden jewels que se ocultan en la montonera de artículos que se publican a diario. Para hoy, hemos seleccionado algunas de ellas… ¿perlas, diamantes… grano… paja? Pasa y al cabo de unos cuantos renglones, eres libre de dictar tu sentencia…

¿Tratamos números o pacientes? Interesante editorial de Víctor Montori en Australian Prescriber en el que reflexiona de forma crítica sobre esa forma de practicar Medicina centrada en los objetivos terapéuticos – lo que es causa de tratamientos cuya complejidad aumenta en cascada, más pruebas complementarias y falta de adherencia a los mismos-  y no en las personas. Según Montori, para abordar la no adherencia a los tratamientos hay que redefinir los objetivos, priorizando aquéllos que el paciente valore e implicando al paciente en la priorización. Y expone un ejemplo práctico, a modo de pregunta, para la que podemos encontrar mil y una variante: ¿incrementará este tratamiento o procedimiento (por ejemplo, determinar la glucemia capilar a diario) la probabilidad de vivir más, sentirte mejor o vivir libre de las complicaciones de la enfermedad o del propio tratamiento?

– Prueba de que algo está cambiando, no es solo la cantidad de estudios sobre el impacto de la modificación de hábitos de vida que se están publicando en los últimos meses, sino las reflexiones que podemos leer en torno a ellos. Una de las que más nos ha impresionado es la realizada por Ami Banerjee en Trust the Evidence con el título Diet-the Cinderella risk factor a propósito de un estudio de coste-efectividad, publicado en el BMJ, de las medidas preventivas de carácter poblacional, sobre la enfermedad cardiovascular. Sin duda alguna, estamos de acuerdo en que la dieta -en general, los tratamientos no farmacológicos- es la Cenicienta de un cuento marcado por los intereses económicos. ¿Veremos alguna vez aplicar en España estrategias de calado para modificar nuestros cada vez más deteriorada dieta o nos conformaremos con lamentarnos de cómo se incrementa de forma imparable la prevalencia de la DM2? Sin duda alguna, la cuestión no es fácil, pero toca decidir…

– Dejamos la Medicina para recomendar otro libro, ahora que muchos de vosotros paseáis en chanclas y con tiempo para pasar páginas de papel… o electrónicas. Se trata de El camino de Steve Jobs. Liderazgo para las nuevas generaciones al que Bernabé Sarabia ha dedicado una magnífica reseña en El Cultural, de la que destacamos dos cosas: la anécdota del tipo que el mismo día que se hace millonario se dirige al concesionario de Ferrari a comprarse un haiga… y probándolo se mata. Y el perfil que se dibuja de Jobs: un tipo extremadamente exigente y por tanto, duro en el trato personal, pero que a la vez es capaz de generar ilusión y fascinación entre la gente que le rodea.

Llegamos al final de este veraniego post. ¿Sería Jobs una perla o un diamante en tu vida? ¿Conoces a alguien que te genere ilusión, que te fascine? ¿Eres tú una persona ilusionante… fascinante? Estas y otras reflexiones son muy propias de la época estival y si no que se lo digan a Jorge Juan Fernández que en una epatante entrada titulada Tratado sobre la Derrota nos ha dejado perlas que bien podrían ser diamantes. Nos quedamos con una que dice No todo lo ganado es una victoria, y no todo lo perdido es derrota. Esto nos suena a aquéllo tan traído de que nada es garantía de nada. Y si no, que se lo digan al tipo del Ferrari. En cualquier caso, nos movemos en un mundo -el de la Medicina- probabilístico. Y aunque nada sea garantía de nada, lo mejor para encontrar nuestras perlas, nuestros diamantes, es mirar fijamente los ojos del tipo que nos observa cada mañana desde el espejo. A ese, amigo mío… a ese, no hay quien le engañe.

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