Muchas evidencias y un instante para la reflexión

Encaramos el final de la semana con una densa entrada que hará las delicias de los ratoncitos de biblioteca que pululan por Sala de lectura y que contiene un potaje de artículos con un nexo en común: mejorar la práctica clínica diaria. O al menos, hacernos reflexionar sobre la idoneidad de las cosas que hacemos de forma rutinaria.

Comenzamos por una revisión publicada por The Cochrane Collaboration y que, con el título Zinc for the common cold, ha tenido como objetivo evaluar los efectos del zinc sobre los síntomas del resfriado común. El estudio no parecía, en principio, que tuviera mucho recorrido, hasta que hemos visto cómo Carl Heneghan diseccionaba su contenido en una post de Trust the Evidence titulado Zinc not for colds: heterogeneity, subgroup, toxicology and more cuya lectura recomendamos y al que hacemos un solo apunte: una revisión sistemática y el correspondiente meta-análisis, si lo hubiera, pueden ser irreprochables desde un punto de vista metodológico y sus conclusiones insuficientes para formular una recomendación. Este es un buen ejemplo de cómo no se puede hacer un cesto si faltan mimbres. Y como concluye Carl, puestos a tomar algo para los trancazos, preferimos la vitamina C, pero no en comprimidos sino, a ser posible, con el resto de la naranja…

Otro artículo interesante es el aparecido en el Journal of the American College of Cardiology titulado 2011 ACCF/AHA/HRS Focused Update on the Managementof Patients With Atrial Fibrillation (Update on Dabigatran) que supone la toma de posición del American College of Cardiology y la American Heart Association -nada menos- sobre el lugar en la terapéutica de dabigatrán, fármaco aún no autorizado en España en pacientes con fibrilación auricular y que, actualmente, es éste: dabigatran is useful as an alternative to warfarin for the prevention of stroke and systemic thromboembolism in patients with paroxysmal to permanent AF and risk factors for stroke or systemic embolization who do not have a prosthetic heart valve or hemodynamically significant valve disease, severe renal failure (creatinine clearance <15 mL/min) or advanced liver disease (impaired baseline clotting function) (3). (Level of Evidence: B) En definitiva, se han acogido a la literalidad de los criterios de inclusión/exclusión del estudio RE-LY al que dedicamos una de las entradas más leídas de este blog para, con la evidencia actualmente disponible, dejar a dabigatrán como alternativa a las cumarinas, que continúan como gold standard en esta indicación.

Seguimos con el Archives of Internal Medicine que, esta semana, ha publicado dos interesantes estudios sobre los efectos de la sobreutilización de los gastroprotectores en atención primaria (Proton Pump Inhibitor Use and the Antifracture Efficacy of Alendronate) u hospitalaria (Acid-Suppresive Medication Use and the Risk for Nosocomial Gastrointestinal Tract Bleeding). Respecto al primero de ellos, recomendamos la lectura del artículo titulado Opportunities to Decrease Inappropiate Uses of Proton Pump Inhibitors que comenta sus resultados. Del segundo, destacamos sus conclusiones: la terapia supresora de la secreción ácida (generalmente, con IBP) tiene un impacto ínfimo sobre las hemorragias gastrointestinales nosocomiales en pacientes ingresados no críticos, con un NNT de 77o. El estudio, con un diseño de cohortes y, por tanto, observacional, es esclarecedor sobre una práctica habitual en nuestros hospitales, basada en criterios de profilaxis poblacionales y no en las características del paciente individual que es candidata, visto lo visto, a una seria revisión sobre su idoneidad y pertinencia.

Terminamos con un informe de la Canadian Agency for Drugs and Technologies in Health que bajo el inocente título Comparative Effectiveness of Rosuvastatin Versus Other Statins: A Review of Clinical Effectiveness esconde una carga cuya profundidad se advierte al leer el objetivo: revisar la evidencia sobre la efectividad y seguridad comparada de rosuvastatina frente a otras estatinas para determinar si presenta ventajas que justifiquen su precio frente a la competencia. Y hasta aquí podemos leer.

Antes de irnos, un par de apuntes más: rosuvastatina cuesta actualmente entre 25,95-38,92 €. Según el gráfico del pie de página, sacado de una referencia que comentamos hace un par de semanas, es de utilidad en pacientes que requieran disminuciones del cLDL proximas al 50%. Pero ¿cuántos pacientes tenemos en el cupo de estas características? ¿cuántos con rosuvastatina? ¿seguimos basando nuestras decisiones en argumentos promocionales o en la mejor evidencia disponible? A quien se sorprenda a sí mismo torciendo el gesto al leer este párrafo o se crea inmune a la industria farmacéutica le recomendamos una última lectura: es una guía de la OMS y AIS titulada Comprender la promoción farmacéutica y responder a ella. Sin duda, un interesante tema para someter a debate en el seno del equipo. Cosas que no nos enseñaron en la facultad y que no podemos permitirnos el lujo de ignorar por más tiempo. Y en la vorágine de nuestro día a día, un instante para la reflexión

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