(SIGN) Actualizada la guía de práctica clínica de artritis reumatoide

En cuestiones de seguridad del medicamento, pocas cabeceras hay más solventes que el Drug Safety Update, publicación mensual de la Medicines and Healthcare products Regulatory Agency que puedes recibir mensualmente en tu buzón electrónico o lector de feeds. El número de febrero del DSU le da una nueva vuelta de tuerca a dronedarona, fármaco que ha visto recientemente modificada su ficha técnica para incluir pruebas de función hepática y cuyo uso se asocia ahora, según el boletín, a un empeoramiento de los pacientes con ICC o a la aparición de nuevos casos.

En relación a fármacos de reciente comercialización, un apunte más: Diabetes Care ha publicado un estudio titulado Use of Dipeptidyl Peptidase-4 Inhibitors and the Reporting of Infections: A disproportionality Analysis in the World Health Organization VigiBase estudio de casos y controles anidado realizado con VigiBase, la base de datos de reacciones adversas a los medicamentos de la OMS, que ha tenido como objetivo evaluar la asociación entre el uso de las gliptinas y la comunicación de sospechas de infecciones del tracto respiratorio superior. Los resultados (OR 12,3; IC95% 8,6-17,5) muestran una asociación clara, plausible por el mecanismo de acción de estos fármacos, cuya principal limitación es que el sistema de notificación es espontáneo. No obstante, aprovechamos estos dos ejemplos para recordar a todos los profesionales sanitarios la importancia de notificar cualquier sospecha de RAM, sobre todo de los fármacos señalados con el archiconocido triángulo amarillo, amén de utilizarlos de forma juiciosa, para salvaguardar a nuestros pacientes de desagradables sorpresas.

Cambiamos de tercio, porque hoy te proponemos una magnífica lectura. Se trata de la actualización de la guía de práctica clínica de artritis reumatoide publicada por el Scottish Intercollegiate Guidelines Network en su página web con el título Management of early rheumatoid arthritis en formato completo o resumido. Hagamos un repaso de su contenido…

La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria que se caracteriza por la afectación, habitualmente simétrica, de las articulaciones de manos y pies. Afecta a un 1% -aproximadamente- de la población y es más frecuente en mujeres. Su evolución es variable y a menudo impredecible, aunque se sabe que muchos pacientes sufrirán dolor y agarrotamiento, destrucción articular progresiva, pérdida de funcionalidad y una muerte prematura. El objetivo del tratamiento precoz de esta enfermedad, al que dedica su contenido esta guía, es conseguir la remisión clínica y radiológica y reducir las limitaciones funcionales y el daño articular permanente.

En relación al tratamiento, se distinguen tres grupos de medicamentos:

1.- Analgésicos y AINE: las recomendaciones de uso de estos fármacos son las habituales para otras patologías: se debe utilizar la menor dosis efectiva, que se reducirá -o, en su caso, se suspenderá- si hay una buena respuesta a los fármacos modificadores de la enfermedad. Además, se recomienda utilizar gastroprotección si es necesario (ver factores de riesgo en tabla 2, pág. 7) evitar su uso crónico, revisando periódicamente su necesidad, así como prescribirlos teniendo en cuenta su perfil de toxicidad gastro y cardiovascular y las características del paciente.

2.- Corticoides por vía sistémica (oral o parenteral): se pueden utilizar bajas dosis de corticoides orales asociados a los fármacos modificadores de la enfermedad durante un corto período de tiempo para aliviar los síntomas y a medio-largo plazo para minimizar el daño radiológico, prestando especial precaución a los efectos adversos (osteoporosis). En cuanto a la vía intraarticular, producen un alivio rápido -y a veces sostenido- en articulaciones clave. No se recomiendan más de 3-4 infiltraciones al año en la misma articulación.

3.- Fármacos modificadores de la enfermedad: metotrexato y sulfasalazina son los fármacos de elección por tener un coeficiente beneficio/riesgo favorable. En los primeros estadíos de la enfermedad, debe mantenerse el tratamiento con los fármacos modificadores para controlar los síntomas. En los pacientes que no respondan adecuadamente al tratamiento inicial, se recomienda combinar los fármacos (con modificadores de la respuesta biológica, ver tabla 3, pág. 11) antes que una monoterapia secuencial. Por último, no se recomienda el uso de inhibidores del TNF en el tratamiento de pacientes con la enfermedad en estadíos avanzados que no hayan sido tratados previamente con metotrexato u otros fármacos modificadores. En cuanto a su toxicidad, se ha comprobado que aumentan el riesgo de sufrir infecciones graves o tumores.

Acabamos por hoy. Los interesados en este tema, pueden completar la información con las guías del NICE, cuya actualización es permanente, a diferencia de lo que ocurre con la de GuiaSalud, que caduca este mes. Una diferencia más, como la que hay entre las webs del MHRA y la AEMPS, de cómo se trata el uso racional de los medicamentos en España y al otro lado del Canal de la Mancha…

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