(Lown Institute) A propósito de la sobrecarga de tratamiento (y 2)

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Continuamos con la segunda y definitiva entrega dedicada al documento del Lown Institute que trata de la sobrecarga terapéutica. En la primera nos centramos en las causas de la situación actual en la que la situación actual y sus determinantes y en esta ocasión vamos a ver qué intervenciones pueden ponerse en marcha para abordar dicha sobrecarga. Y sin más circunloquios, nos ponemos a ello…

En relación a la cultura de la prescripción Como puede verse más abajo, las estrategias puestas en marcha -junto a su factibilidad- van desde lanzar campañas para incrementar la conciencia sobre el problema dirigidas tanto a usuarios como a profesionales, empoderar a los pacientes y sus familias/cuidadores para favorecer la toma de decisiones compartida y reducir la influencia de la industria farmacéutica limitando el marketing dirigidos a los profesionales y la publicidad directa a los consumidores.

Sobre las lagunas de información y conocimiento En esta ocasión, las medidas son: asegurar que las guías de práctica clínica tienen en cuenta las comorbilidades del paciente y, cuando es posible, recomendaciones para interrumpir los tratamientos; redactar y difundir guías para facilitar que médicos y farmacéuticos deprescriban con seguridad; incluir formación sobre prescripción apropiada y deprescripción para todos los estudiantes y continuarla en la formación médica continuada de los profesionales de la salud; proseguir la investigación sobre la sobrecarga de medicamentos para cerrar las brechas de conocimiento existentes.

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En cuanto a la fragmentación de la asistencia Las medidas incluyen: implementar modelos asistenciales basados en el trabajo en equipo incorporando farmacéuticos cuando sea posible; proporcionar tiempo e información a los profesionales de atención primaria para las revisiones de la medicación; hacer que los registros electrónicos sean más amigables e interoperables, para que tanto pacientes como sanitarios puedan accedere con facilidad a la lista completa de medicamentos; llevar a cabo de forma periódica y durante las transiciones entre niveles asistenciales revisiones de las prescripciones centrándose en el paciente.

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Comentario El post de hoy viene ilustrado por el caso de un paciente cualquiera -al que es posible que le pongas cara y nombre- que sigue un itinerario habitual, con una progresiva carga de enfermedad y una creciente medicalización asociadas al proceso normal de envejecimiento, en el que afloran problemas muy comunes asociados a la sobrecarga terapéutica, que inciden de forma directa en su calidad de vida y su salud.

Envejecer es, de momento, algo inevitable. Lo que no es inevitable es verse envuelto en un lento -o rápido- declinar sometido a un tratamiento farmacológico por arrastre en el que muchos suman, solo algunos revisan y casi ninguno deprescribe. En la misma ilustración puede verse un camino alternativo con múltiples microintervenciones con un denominador común: poner al paciente y sus circunstancias en el centro de nuestra actuación, puede evitar la sobrecarga terapéutica y es deseable hacerlo.

Qué duda cabe que la cultura de la prescripción es -hoy en día- hegemónica en nuestro medio y no siempre, como hemos visto, por causas achacables a los profesionales sanitarios. Así, no es excepcional que un anciano octo o nonagenario fallezca atado a una bolsa con una o varias decenas de medicamentos. Sin duda alguna, hay otras formas de hacer las cosas. Pero se requieren medios.

Mientras algunos reclaman 5 o 10 minutos por consulta, nosotros reclamamos nada menos que 2 horas: con este tiempo -a la semana, claro- se puede revisar la medicación de un paciente. Uno a la semana no es gran cosa, pero son casi 50 pacientes al año. Priorizando los casos de tu cupo más urgentes (más años, más sobrecarga, medicamentos más peligrosos…) pueden suponer un salto cualitativo importante desde el punto de vista asistencial y no digamos, cultural.

Dicen que fue Diógenes quien dijo que la cultura es un saber del que no tiene uno que acordarse, fluye espontáneamente. Exacto. Y así hasta que la revisión y la deprescripción fluyan espontáneamente en nuestras consultas…

2 comments

  1. Al final y después de tantas publicaciones y remendaciones de revistas , artículos, actas, protocolos y otras lindezas llegamos a la misma conclusión : los médicos de AP necesitamos más tiempo por consulta para hacer las cosas bien.
    Cuanto tiempo nos hubiéramos ahorrado, cuantas discusiones esteriles se habrían evitado. Los que mandan han querido que los CS se ambulotoricen que no haya demora, que veas a todo el mundo en 5’, que asumas burocracia, eso si que recetes barato, que derives poco. Que seas un buen funcionario.
    Ay! Estudiar 10 años para esto. Al que manda le importa un bledo todos los sisifos, solo quiere resultados, funcionarios médicos callados, sumisos. ¡A desprescribir todo el mundo!
    No lo veré yo pero algún día llegará la depres ripción de la gestión inútil, de desprescripción burocrática, y de la informática perversa, y dejar de hacer labores superfluas y mirar más al enfermo. Salud de verdad.

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  2. Está claro que el trabajo del médico de familia es complejo, como muchos de nuestros pacientes, complicado, difícil. Además de desprescribir hay que escuchar, explorar, solicitar o no pruebas complementarias, diagnosticar, por supuesto estar al día de todo lo concerniente a las patologías del paciente y finalmente prescribir o desprescribir. Cuando hay mucho menos tiempo del necesario (que en pacientes complejos no es de 5 o 10 minutos, sino muchos más) es muy fácil cometer errores y prescribir más que desprescribir. Hay un grave problema de irresponsabilidad por parte de las administraciones sanitarias con respecto al trato dado a la Atención primaria que ha empeorado significativamente desde los años en que comenzó la crisis y persiste, a pesar de habernos recuperado de la misma. Partimos de una situación tercermundista cuando se creó la especialidad de Medicina familiar y comunitaria en el año 1979, que mejoró durante unos años, pero que arrastramos como una verdadera losa, en la que todo vale para nosotros.

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