(Arch Intern Med) Las isoflavonas de la soja no previenen la pérdida de masa ósea ni los síntomas de la menopausia

En los últimos años, hemos visto cómo los lineales de los supermercados se llenaban de productos tradicionales a los que se le habían añadido diversas sustancias con propiedades medicinales. Unos prometen reducir los niveles de colesterol, otros aseguran ser beneficiosos para el sistema inmunitario y todos han inducido una gran confusión entre los consumidores, que ahora se enfrentan a términos como alimentos funcionales o nutracéuticos  muy difundidos en la publicidad y cuya base evidencial es, cuando menos, discutible y discutida. Entre estos productos, destacan las isoflavonas de la soja, intensamente promocionadas para la prevención de la osteoporosis y los síntomas vasomotores de la menopausia. En relación a este tema, se ha publicado en Archives of Internal Medicine un ensayo clínico que ha tenido como objetivo determinar la eficacia de los comprimidos de isoflavonas de la soja en dichas indicaciones. ¿Són útiles las isoflavonas? ¿o su pretendida eficacia es solo un ardid publicitario? Este estudio trata, desde una gran solidez metodológica, de aclarar un viejo área de incertidumbre. Veamos cuáles han sido sus resultados…

Metodología: ensayo clínico aleatorizado (no se describe la aletorización) doble ciego (se describe el enmascaramiento) y controlado con placebo que reclutó mujeres menopáusicas (n=248) desde hacía <5 años, con una edad entre 45-60 años y una T score de -2,0 o mayor en la columna vertebral o la cadera (determinada mediante DEXA). Las pacientes fueron aleatoriamente asignadas a un grupo tratado con comprimidos de isoflavonas de la soja (200 mg/día) o placebo. La variable de resultado principal fue el cambio experimentado por la DMO en la columna vertebral, cadera y cuello femoral tras 2 años de seguimiento. Los cambios en los síntomas menopáusicos formaron parte de una variable secundaria. Se controlaron la adherencia al tratamiento y la ingesta de calcio.

Resultados: tras 2 años de seguimiento, no se observaron diferencias significativas entre el grupo tratado con isoflavonas o placebo. Los cambios de la DMO a nivel espinal fueron -2,0% y -2,3%, en la cadera de -1,2% y 1,4% y en el cuello femoral de -2,2% y -2,1% respectivamente. En términos de seguridad, las pacientes tratadas con isoflavonas de soja experimentaron un mayor proporción de sofocos y estreñimiento, en comparación con el grupo control. No hubo diferencias entre grupos en términos de adherencia al tratamiento.

Conclusión de los autores: en la población estudiada, la administración diaria de comprimidos con 200 mg de isoflavonas de la soja durante 2 años no previno la pérdida ósea ni los síntomas de la menopausia.

Fuente de financiación: National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases. (National Institutes of Health).

Comentario:  hasta la fecha, la evidencia disponible sobre la eficacia de las isoflavonas de la soja era contradictoria y estaba basada en estudios con deficiencias metodológicas, una muestra pequeña o una duración insuficiente. Como hemos visto, los NIH se han puesto -una vez más- las pilas para, con un ensayo clínico solvente, intentar aclarar de una vez por todas una vieja polémica. Los resultados del SPARE -sobrenombre con el que se conoce este ensayo clínico- son claros: las isoflavonas, administradas en una dosis que podemos considerar alta durante 2 años, no previenen la osteoporosis ni mejoran los síntomas vasomotores de la menopausia y tampoco están exentas de efectos adversos.

Una limitación evidente de los resultados, como reconocen los autores y señala el artículo que comenta los resultados del estudio, es que la tasa de abandonos fue -en ambos grupos- mayor de la esperada. No obstante, no parece que esto afecte el sentido de los resultados, por lo que los denostados estrógenos siguen sin una alternativa de peso y su uso, a corto plazo y con las debidas precauciones, deberá sopesarse en relación a la interferencia que los síntomas provoquen en la calidad de vida de la paciente. Desde un punto de vista dietético, la soja es una leguminosa más, como las lentejas o los altramuces y, desde luego, totalmente recomendable. Pero no esperemos milagros. O dicho de otra forma, ante una estantería llena de promesas milagreras, nuestra opción es apuntarnos al bando de los que se han conjurado para no comer nada que nuestra abuela no reconozca como alimento…

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