A vuelapluma, sobre el gasto farmacéutico

Hace unos días, Vicente Baos publicaba en su blog una entrada titulada Tres datos para saber cómo está organizado el sistema sanitario público español ¿bien o mal? en la que daba algunos datos interesantes sobre la situación del gasto farmacéutico en España, respecto a otros países de la OCDE. En Salud y otras cosas de comer, hemos leído una información similar en un post que, bajo el título El gasto farmacéutico en España (I) «Que tó el dinero que tengas te lo gastes en botica» viene a incidir sobre el abultado gasto farmacéutico de nuestro Sistema Nacional de Salud. Sin duda alguna, este es un tema muy espinoso y difícil de abordar desde el sosiego y la equidistancia. Pero después de leer estos dos breves artículos, a vuelapluma, queremos hacer algunas reflexiones en voz alta:

  • El gasto farmacéutico tiene una vertiente cuantitativa y otra cualitativa. Todos podemos opinar si gastar un 1,8% del PIB en medicamentos es mucho o poco, mejor o peor. Pero ¿cómo gastamos ese dinero? ¿y qué repercusión tiene esa inversión en la Salud de los españoles? ¿alguien lo sabe?
  • El gasto farmacéutico es un contaminante de la promoción del uso racional de los medicamentos. El cortoplacismo hace que, ante cualquier medida, nos fijemos antes en un hipotético ahorro que en el impacto sobre la calidad asistencial, aspecto éste siempre al servicio de aquél y no a la inversa.
  • La política de  precios fijada por los sucesivos ministerios de sanidad no ayuda a hacer un uso juicioso de los medicamentos. Basar  el ahorro en bajadas lineales de precios ha provocado una situación tan estúpida como que, medicamentos  de primera línea (clortalidona, omeprazol, ramipril, metformina…) tengan un precio irrisorio. La respuesta de los laboratorios a esta táctica ha sido promover, mediante su vasta maquinaria promocional, el llamado recambio terapéutico: de esta manera, los ara-II -por poner un ejemplo- están barriendo del mercado a los IECA. Y el pretendido ahorro se queda en nada -o en menos- a la par que se generaliza el uso de fármacos que son de uso alternativo o excepcional en sus indicaciones, en detrimento de los de uso común.
  • Un ejemplo más de que la política ministerial es más de corte industrial que sanitario, son las llamadas innovaciones galénicas, reguladas en el Real Decreto 1338/2006 (tumbado recientemente por el Tribunal Supremo) ardid que permite a la industria farmacéutica esquivar los precios de referencia durante un período de 5 años en determinados casos. Por si estos 5 años fueran pocos,  «en el supuesto de que la citada calificación sea posterior a la creación del conjunto correspondiente al principio activo y precio de referencia, el plazo de exclusión de cinco años se computará desde la fecha de la declaración de innovación galénica». Todo un campo abierto a la pseudoinnovación, que ha provocado la eclosión de, por ejemplo, fármacos de liberación modificada en todas sus formas habidas y por haber, con un único objetivo: mantener la rentabilidad a toda costa.
  • El gasto farmacéutico es la hermanita pobre del sistema: posiblemente, las macrocifras que manejan la OCDE, el Ministerio o los servicios de salud regionales, sean la punta del iceberg de un cúmulo de ineficiencias: medios insuficientes, personal mal retribuido, mal gestionado, peor motivado… en un sistema sanitario universal, gratuito, del que se dice que el usuario abusa. Muchos  ingredientes para la discusión y una sola pregunta ¿es el receteo la respuesta del profesional desbordado, desmotivado, desorientado… a la presión asistencial?
  • La situación idónea sería aquélla en la que todos los profesionales sanitarios tuvieran formación e investigación integradas en su agenda laboral. Así nos podríamos desembarazar de la incómoda presión de la industria. Pero a la vez nos podría servir de motivación para darle más sentido a nuestro quehacer diario. ¿De qué sirve saber que somos los que más IBP, antibióticos, AINE, etc gastamos en el mundo mundial?  ¿qué utilidad tiene esa información para mejorar la atención de nuestros pacientes? Por otra parte, ¿quién sabe cuántos de los diabéticos de su cupo tienen un control aceptable? ¿cuántos han dejado de fumar? ¿cuántos se toman correctamente su medicación? ¿cuántos tienen un tratamiento homologable a las recomendaciones de las guías de práctica clínica de calidad? ¿cuántos pacientes postinfartados no se toman sus estatinas o sus antiagregantes? ¿y cuántos pacientes en prevención primaria toman estatinas sin una mínima justificación clínica? ¿es ésta la información que necesitamos?

Preguntas, preguntas y más preguntas. Sin duda alguna, la fragmentación de nuestro Sistema Nacional de Sanidad, la competencia absurda entre servicios regionales (véanse sólo las diferencias salariales) y la pérdida de liderazgo de un languideciente Ministerio de Sanidad, no ayudan mucho a hacer las cosas todo lo bien que desearíamos. Pero como profesionales, tenemos un cierto margen de maniobra para mejorar las cosas en nuestro ámbito de influencia. Al fin y al cabo, las organizaciones están formadas por personas como tú, con un brillante porvenir por delante y miles de preguntas de investigación a las que responder. Llegados a este punto, algunos pensarán que estas  reflexiones son propias del sombrerero de Alicia en el País de las Maravillas. Es posible. Pero hace unos años, viendo a los Cardeñosa, Salinas y compañía nadie daba un duro por nuestra selección de fútbol. Y ayer vimos cuáles son las posibilidades del trabajo en equipo, la motivación y una adecuada dirección. Si algo ha quedado claro con la web 2.0 es el poder de las personas. Porque, no nos engañemos, las revoluciones no las empiezan los directores generales…

9 comentarios

  1. Es la primera vez que entro en esta pagina que me ha indicado la compañera farmaceutica de atencion primaria, seguire haciendolo porque creo que me va a ser de utilidad en mi trabajo diario. En estos momentos casi de vacaciones, estoy haciendo recetas sin conocimiento a mis pacientes y a los de otros compañeros para que no les planteen problemas ni en la playa ni en la montaña y te das cuenta de la de cosas que toman que no deberia ser asi. Muchas gracias

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  2. Ciertamente en España se dá la paradoja de que es uno de los países con mayor y desmesurado gasto farmacéutico, y también uno de los que tiene unos niveles de eficiencia y calidad más aceptables.
    Viendo las estadísticas de cualquier centro de salud podemos observar diferencias cualitativas considerables en prescripción farmacéutica entre profesionales y también cuantitativas que pueden ser de hasta 300.000€ al año entre profesionales con un cupo siliar, solo en gasto farmacéutico. Con estos datos las posibilidades de ahorro son astronómicas, si las comparamos con un ahorro de 2000€ al año del recorte salarial.
    Los márgenes de mejora incluso entre los profesionales más eficientes es también muy elevado.
    Lo cierto es que nuestros gobernantes no tienen ni ideas sobre cuales son las medidas más adecuadas para recortar el gasto en sanidad, al menos de esto si sabemos los médicos y farmacólogos.
    La solución no es fácil, pero en un mundo globar, ¿por qué no echar un vistazo a como lo hacen en otros países con sistemas más eficientes?
    Yo le recomendaría a nuestros gobernantes que se informaran como lo han hecho en Nueva Zelanda, donde tienen un ahorro exponencial en consumo farmacéutico (he dicho bien, ahorro no incremento). Y de ello he tenido noticias a través de asociaciones de consumidores y usuarios, no de otras fuentes.
    Saludos a todos
    Eloy González
    Médico de Familia, UGC Utrera Sur

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  3. Aunque tarde quería felicitarte por tu magnífico post.

    Escribes «de miedo» y eso permite exponer con mayor facilidad los argumentos vertidos en el post.

    Felicidades, es la primera vez que entro en esta página pero seguro que no será la última.

    Javier

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  4. Yo tengo experiencias puntuales desde mi farmacia (ex, me he pasado a hospital harto de ser el patito feo). Pacientes polimedicados con problemas de cumplimiento, han podido mejorar su control de la PA y simplificar el tratamiento aplicando métodos de atención farmaceutica en colaboración con el CAP de la zona. En este caso más gasto sanitario (más gasto no, porque mi mayor implicación, tiempo, y aportación de material -spd- me lo pago yo) ha permitido disminuir el gasto en medicamentos.

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