(NEJM) Consumo de sodio y salud cardiovascular

Avoiding-The-NaCl-5-Ways-To-Reduce-Your-Salt-IntakeUno de los temas recurrentes cada verano es el de la ingesta hídrica, respecto al cual aconsejamos la lectura de este post de Rafa Bravo, cuya principal conclusión es que la manida recomendación de beber 6-8 vasos de agua (incluso sin tener sed) es un mangazo sin fundamento alguno. Éste es uno de los mitos arraigados en los hábitos de vida saludable que trasladamos a los pacientes, junto a frases que piden urgentemente mármol como “coma menos y haga más ejercicio” o “haga una dieta baja en grasas” que, a falta de más información, cada paciente interpreta a su libre albedrío. Esto nos trae a la memoria que estamos ayunos de una Nutrición y Dietética (ambas) basadas en la evidencia, ya que en este campo del Conocimiento la iniciativa privada invierte pocos esfuerzos, por motivos obvios. ¿Y la pública? Bien, gracias.

Otro de los temas del verano es el de la ingesta de sal.  ¿Cuánta sal añadimos a nuestra dieta diaria? ¿Es perjudicial para la salud? ¿Qué cantidad? Para alimentar la polémica, se han publicado en The New England Journal of Medicine 3 estudios y un editorial de los que hay un buen resumen y un divertido vídeo en el blog de la revista. Vamos a hacer una breve reseña de los mismos y ver si nos sacan, por fin, de dudas…

1.- Global Sodium Consumption and Death from Cardiovascular Causes: a partir de los datos de una encuesta, un grupo de investigadores del NUTRICODE estimaron la ingesta de sodio en adultos de 187 naciones y meta-analizaron los resultados de casi un centenar de estudios de intervención aleatorizados para calcular el efecto de aquél sobre la presión arterial. Además, analizaron los datos agregados de estudios de cohorte para calcular los efectos de la HTA sobre la mortalidad cardiovascular. Según sus cálculos, en 2010 el consumo diario medio fue de 3,95 g por persona (muy por encima de los 2 g recomendados por la OMS). Como consecuencia, casi 1 de cada 10 muertes de origen cardiovascular podría atribuirse a una ingesta excesiva de sodio (1,65 millones en todo el mundo) y, lo que es peor, la mayoría de las muertes serían prematuras (en personas <70 años). Los autores también encontraron una asociación lineal dosis-respuesta entre la reducción de la ingesta de sodio y la disminución de la PA. Así, para una persona blanca, normotensa y de 50 años, una reducción de 2,4 g/día disminuía la PS en 3,74 mm Hg. ¿Significa esto que una ingesta baja de sodio implica una mejor salud? Veamos antes los otros 2 estudios.

2.- Association of Urinary Sodium and Potassium Excretion with Blood Presure: en este estudio se recogieron las muestras matutinas en ayunas de 100.000 personas de 18 países y se calculó la excreción urinaria de sodio en 24 horas (una aproximación del consumo) que se correlacionó con la PA. En este caso se encontró una relación no lineal. En personas con una mayor excreción de sodio (>5 g/día) la asociación fue sólida, lo que se tradujo en que cada gramo adicional de sodio se asoció a un incremento de la PA de 2,58 mmHg. Dicha asociación no fue estadísticamente significativa en aquellos cuya excreción fue inferior a 3 g/día. Es importante señalar que sólo el 10% de los participantes cayó en esta categoría y sólo el 4% de los participantes tuvieron una excreción urinaria de sodio coherente con la ingesta recomendada por la guía norteamericana.

3.- Urinary Sodium and Potassium Excretion, Mortality, and Cardiovascular Events: este estudio investigó la correlación entre la excreción de sodio y una variable compuesta por mortalidad y episodios cardiovasculares graves (IAM, ACV, ICC). Se observó que, en comparación con un rango de excreción de referencia (entre 4-6 g/día) una mayor excreción ( ≥7 g/día) se asoció a un mayor riesgo (OR 1,15; IC95% 1,02-1,30). No obstante, también se observó un incremento del mismo (OR 1,27%; IC95% 1,12-1,44) si la excreción era muy baja (menor de 3 g/día). Los autores también investigaron la excreción de potasio y vieron que, en comparación con el nivel de referencia (1,5 g/día) una mayor excreción se asociaba a una disminución de dicho riesgo.

Comentario: la lectura de estos y otros artículos nos dejan un regusto amargo al comprobar que, a estas alturas, no hay una evidencia concluyente para hacer una recomendación clara en relación a la ingesta de sal. Faltan, pues, ensayos clínicos ad hoc de calidad que cimenten dichas recomendaciones, lo que explica la diversidad de criterio de las distintas organizaciones. Además, las que se hacen a nivel poblacional están lastradas por las limitaciones inherentes a los estudios observacionales y nuestra afición -pobres humanos- a ver la vida por un canuto, centrándonos en un único aspecto de la dieta -en este caso, la ingesta de sodio- a la hora de investigar estas cuestiones. El dúo sodio/potasio -a los que de forma jocosa Richard Lehmans llama cation/dogion en un ingenioso juego de palabras- es un buen ejemplo de lo que decimos.

Como a los lectores de este blog les gustan las cosas claras, nuestra conclusión es que -a día de hoy- lo más prudente es ingerir en la dieta una cantidad moderada de sodio (en torno a 1,5-2,3 g/día. OJO, no confundir ingesta de sodio con ingesta de sal) teniendo en cuenta que, como nos recuerda el Institute of Medicine, hay subgrupos poblacionales que se pueden beneficiar especialmente de esta restricción y otros en los que dicha restricción puede ser perjudicial.

La población general no debería caer en la tentación de encerrar el salero en el cuarto oscuro. Y sí arrostrar una penosa realidad: el exceso de sal en nuestra dieta es causado -habitualmente- por una dieta deficiente trufada de muchas raciones de cosas que parecen comida y se venden en cajas o bolsas que atestan las estanterías de nuestro súper de confianza. Basta ver la tabla de este artículo para comprobarlo. O leer este otro para ver lo complejo de la cuestión. Y lo fácil que se vuelve cuando nuestra dieta es sana y equilibrada.

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