Medición de la calidad de la prescripción: el ejemplo británico y la realidad española

En Sala de lectura hemos hablado muchas veces del instrumento AGREE, idóneo para evaluar guías de práctica clínica, con el fin de divulgar su contenido. Para los que no tengan claro cómo utilizar esta herramienta, os traemos un ejemplo práctico realizado por la Canadian Agency for Drugs and Technologies in Health, que ha evaluado la Canadian ADHD Practice Guideline, guía elaborada por la Canadian Attention Deficit Hyperactivity Disorder Resource Alliance y que aborda el diagnóstico y el tratamiento del trastorno por déficit de atención con hiperactividad en adultos. Como diría Guardiola, chupao

Siguiendo con la calidad -esta vez de la prescripción- la semana pasada el National Prescribing Centre publicó una actualización del documento titulado Key therapeutic topics 2010/11. Medicines management options for local implementation. Este documento aborda las 15 áreas terapéuticas que se han priorizado para promover una prescripción de calidad en el Reino Unido y en él se hacen propuestas concretas para su implentación local. De este documento, destacamos varios aspectos: su carácter nacional, la gran base evidencial que sustenta sus propuestas y que todos los documentos referenciados son de producción propia. Esto es, a nuestro juicio, lo esencial. Lo anecdótico es que muchas de las áreas priorizadas en el National Health System son las mismas que se vienen trabajando en España desde hace años. Así, en él podemos leer perlas como que ninguna guía del NICE recomienda el uso de ARA-II como fármacos de primera elección. Los IECA están respaldados por una mayor base evidencial y, en algunas indicaciones, mejor evidencia de eficacia o bien que, cuando se requiere un IBP, no hay evidencia de que uno sea más efectivo que otro usados a dosis equivalentes

En relación a este tema, se ha publicado en Atención Primaria un interesante estudio titulado Variabilidad en la medición de la calidad de prescripción por comunidades autónomas que dibuja una situación en España, no por conocida menos desazonadora: actualmente, cada comunidad autónoma desarrolla su propio sistema de medir las prescripciones. Como consecuencia, hay una gran variabilidad en cuanto al número de indicadores utilizados (rango: 3-22) entre las mismas. Además, solo 7 CC. AA. miden la prescripción en DDD, mientras que 9 siguen contando envases, lo que hace imposible la existencia de datos comparativos de prescripción a nivel nacional y, ni siquiera en el ámbito de un estudio de investigación, los autores lograron recopilar los indicadores utilizadas en todas ellas.

Aunque los datos están referidos a 2.007, a nadie se le escapa la magnitud de este despropósito. A pesar de que el Plan Estratégico de Política Farmacéutica establecía como prioritario disponer de una política de gestión farmacéutica común en el SNS y que, ya hay noticias de una segunda edición del mencionado Plan, seguimos sin saber, por ejemplo, si los riojanos están más o menos expuestos -teniendo en cuenta las DDD prescritas, edad y sexo de los pacientes, como mínimo y no contando envases– a los AINE, que los murcianos. Como consecuencia, no podemos investigar si esta hipotética diferencia tiene justificación o no, para diseñar las intervenciones oportunas. Tampoco sabemos si los criterios de uso de los medicamentos (además de los indicadores, que son solo una herramienta de medida) son los mismos en todas las CC. AA. Así mismo, a estas alturas, los indicadores de selección -basados en los datos de facturación de las recetas- siguen constituyendo la base del tinglado, quedando aún muy lejos la integración, en la evaluación de la calidad de la prescripción, de aspectos con más enjundia como la adecuación, que va más allá de la simple elección de una u otra opción terapéutica, para incluir en el análisis aspectos clave como la dosis, vía de administración, duración del tratamiento o la indicación para la que se utiliza un determinado medicamento. Y no digamos, los resultados en salud.

El resumen de este panorama es que seguimos atascados en la edad de piedra de la investigación del uso de los medicamentos. Con el SNS fragmentado en 17 mercadillos farmacéuticos sumidos en una infantil competencia, pedir benchmarking, como hacen los autores del artículo, mueve a la ternura. No obstante, necesitamos otra forma de hacer las cosas: por ejemplo, un Ministerio que impulse de una vez por todas una política de gestión farmacéutica común, unas CC. AA. que colaboren lealmente entre sí, un sistema de información transparente, o un órgano nacional que coordine todas las actividades de formación, información e investigación sobre medicamentos. Los británicos nos dan algunas claves de cómo hacerlo de forma coordinada y con la suficiente flexibilidad como para hacer adaptaciones locales. Aquí, de momento, preferimos mirarnos el ombligo y dejar que la investigación sobre el uso de medicamentos sea, con honrosas excepciones, un páramo. Un negro agujero en mitad del mejor sistema de sanidad del mundo donde el árbol del gasto farmacéutico nos impide ver el bosque de la calidad asistencial.

6 comments

  1. Vete a la raíz del problema: que somos un país de pueblo, catetos, ignorantes y desconfiados los unos de los otros y los de arriba de los de abajo. Y que hemos hecho de la cuestión sanitaria una cuestión política. Lo es, pero no tanto. Por un Sistema Sanitario Público dotado de la independencia de una BBC. Comprometido y leal, pero independiente.

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    1. Hola, Federico:
      Bienvenido a Sala de lectura y gracias por tu comentario. Efectivamente, la Sanidad Pública se ha convertido en un arma arrojadiza, por lo que vemos la desconfianza y la deslealtad aquí, allí, acá y acuyá. Una pena. Pero ya vendrán tiempos mejores. Peores que estos… bueno, esperemos que no.
      Un saludo.
      CARLOS

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  2. Estupenda entrada Carlos, mi enhorabuena. Suscribo todo lo que dices, la sanidad pública de este, nuestro país, ;) está desfragmentada y es responsabilidad de la máxima autoridad sanitaria homogeneizar estrategias y objetivos, coordinarnos y conseguir que lo que lo hacemos en nuestras pequeñas “islitas” pueda aprovecharse para todo el conjunto de profesionales del Sistema Nacional de Salud.
    No sé si lo verán nuestros ojos…

    Un abrazo,
    Cecilia

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    1. Gracias, Cecilia por tu comentario. Bueno, como veo que cada vez quedan más años para jubilarnos, espero que nos dé tiempo a dejarles a nuestros hijos una Sanidad Pública mejor que la que nos dejaron nuestros padres. Somos muchos los que estamos empecinados en cambiar esto de una vez. A ver si el viento sopla alguna vez a nuestro favor…
      Un abrazo.
      CARLOS

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    1. Gracias por tu comentario, María. Bueno, este tema es un poco recurrente, así que no me extraña que haya publicadas varias versiones del mismo. Lo que sí es interesante saber es si tus resultados fueron los mismos y a qué conclusiones llegaste. Si te animas a contárnoslo, tienes el blog a tu disposición…
      Un saludo.
      CARLOS

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