(Infac) Los IBP y la terapéutica razonada

Leemos en Twitter, vía @SIETE7, que el Centro Vasco de Información de Medicamentos ha publicado en su página web un nuevo número de su publicación estrella, el boletín Infac que, en esta ocasión, lleva por título Inhibidores de la bomba de protones: ¿se puede vivir sin ellos? y pivota sobre los datos de prescripción de estos fármacos en el Osakidetza (que no son muy diferentes de los del resto del Sistema Nacional de Salud) esto es: los IBP son hoy por hoy sinónimo de antiulceroso, habiendo fagocitado otras opciones terapéuticas y su consumo es muy elevado tanto en términos absolutos (llevan décadas en el top ten del gasto farmacéutico medido en euros o en envases) como relativos: como señalan los autores, el consumo medio en España es de 85 DHD. Esto es: 85 personas de cada 1.000 lo consumen a diario en nuestro país. O dicho de otra forma, un 8,5% de la población está expuesta diariamente a los IBP. La comparación con otros países como Noruega, de larga tradición en la promoción del uso racional de los medicamentos, nos deja bastante mal parados. En el país escandinavo la prevalencia de uso de estos antiulcerosos es de 30 DHD (3% de la población). Y en Italia, país del arco mediterráneo tan lejos del prototipo nórdico, de 27 DHD.

¿Cuál es la razón de que en nuestro país casi se triplique la prevalencia de uso de los IBP? Los autores del Infac apuntan varias: el uso en indicaciones poco claras como la dispepsia, la gastroprotección del paciente con riesgo bajo o directamente, sin factores de riesgo y una falsa sensación de seguridad, forman una tríada que podría explicar los datos de prescripción. El boletín nos recuerda la hipersecreción gástrica, los casos de neumonía asociados al consumo de IBP y el aumento del riesgo de sufrir una fractura, entre otras razones de seguridad para ser cautos en el uso de estos medicamentos. Pero la realidad es obstinada, los años pasan y el consumo de IBP, lejos de disminuir, tiende a seguir aumentando.

Desde nuestro humilde punto de vista, el elevado consumo de IBP está estrechamente ligado a dos fenómenos: la sobreprescripción de AINE en procesos artrósicos, en detrimento de los analgésicos y un fenómeno que podríamos llamar banalización o trivialización terapéutica, por el cual determinados medicamentos, que erróneamente están considerados inocuos en el subconsciente colectivo (de los pacientes y, lo que es peor, de los profesionales sanitarios) se prescriben sin un objetivo terapéutico predefinido y se cronifican sin que haya una causa clínica que lo justifique. ¿Conoces algún paciente que lleve años -o décadas- tomando IBP de forma más o menos regular? ¿conoces algún paciente polimedicado que tomen uno o más de estos antiulcerosos? ¿conoces algún paciente que los consuma en indicaciones no autorizadas en lugar de unas mínimas medidas higiénico-sanitarias? Posiblemente, a alguno…

En 1.998 la Organización Mundial de la Salud publicó la Guía de la Buena Prescripción, libro orientado a los estudiantes de Medicina y que tenía como objetivo (tiene, porque no ha perdido un ápice de vigencia) paliar la deficiente formación de los profesionales sanitarios en la prescripción de fármacos, muy centrada en los medicamentos (indicaciones, mecanismo de acción, dosis…) cuando en la práctica clínica, el proceso va desde el diagnóstico y las características del paciente, al fármaco. La Guía de la Buena Prescripción desarrolla dos conceptos importantes en el uso racional de medicamentos: los medicamentos P (medicamentos personales o P drugs) y el proceso de la terapéutica razonada del cual derivan, que deben formar parte del equipaje de cualquiera que tenga relación con los medicamentos. Como el libro desarrolla de forma muy didáctica estos dos conceptos, no vamos a extendernos. Pero sí queremos recordar que el objetivo terapéutico, es decir, el motor de la decisión de instaurar un tratamiento debe ser razonado, discutido con el paciente y quedar explícito en la historia clínica. Sólo así, evitaremos una innecesaria exposición a medicamentos que, lejos de ser inocuos, pueden ser la causa de reacciones adversas, interacciones y de la complejidad innecesaria de los regímenes terapéuticos. Tres causas ciertas de falta de adherencia terapéutica. Tan paradójico como relevante, para que no sigamos ignorándolo.

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