Una de dronedarona en tiempos de crisis

No por estar acostumbrados al buen tono del blog de El Comprimido, ha dejado de sorprendernos gratamente su última entrada, por varios motivos: en primer lugar, por su oportunidad, poniendo sobre la mesa el problema de la rápida penetración en el mercado de los nuevos medicamentos -un 17% en apenas 9 meses en el caso de dronedarona– independientemente de su seguridad y eficacia comparada y, con los tiempos que corren, todo hay que decirlo, de su precio. Y en segundo lugar, por su valentía, ya que -desgraciadamente- no es muy habitual ver publicados en España datos de variabilidad de la prescripción. Como todos sabéis, dedicamos una entrada a dronedarona hace más de un año, en la que hicimos una aproximación a su lugar en la terapéutica y alertamos sobre dos aspectos importantes: los estrictos criterios de inclusión/exclusión de los ensayos clínicos pivotales -que dan de lleno en la línea de flotación de la variabilidad externa de sus resultados- y el hecho de que, en el único estudio en el que se comparaba con amiodarona (fármaco al que claramente venía a sustituir) había obtenido unos pobres resultados. Ha pasado el tiempo y dronedarona ha sido vapuleada por varias alertas de seguridad. Pero esto no ha sido óbice para que muchos clínicos continúen siendo totalmente permeables a la propaganda e impermeables a la información rigurosa e independiente que alertaba del paupérrimo bagaje evidencial de este fármaco.

El artículo de los baleares vio la luz el mismo día en que corrió por Twitter como un reguero de pólvora la indignación por los nuevos recortes salariales previstos en Cataluña. Muchos se acordaron de las barbas de su vecino. Nosotros recordamos un viejo artículo, publicado en la Gaceta Sanitaria con el título Identificación y priorización de actuaciones de eficiencia en el Sistema Nacional de Salud que tuvo como objetivo identificar un número significativo de actuaciones orientadas a mejorar la eficiencia y reducir el despilfarro en el SNS y priorizarlas en función de su impacto, así como valorar el impacto y la prioridad de las medidas implantadas o anunciadas por el Gobierno y que recibió en su día duras críticas sobre diversos aspectos, algunos de los cuales son recogidos por los propios autores. No obstante, sus resultados invitan a hacer una reflexión profunda sobre las causas del progresivo empobrecimiento de nuestro sistema sanitario y las soluciones posibles muchas de las cuales, coinciden los expertos, pasan por aumentar la transparencia, reverdecer los laureles de la atención primaria y acabar con los intolerables focos de descoordinación existentes con la atención hospitalaria.

A todo esto, añadimos nosotros, no estaría de más que cada uno pusiese su granito de arena: está visto y comprobado que prescribir según las recomendaciones de las guías de calidad, reduce los costes sanitarios (que no es lo mismo que reducir el gasto farmacéutico). Pero casos como el de la dronedarona nos hacen pensar que somos más proclives a ver la paja en el ojo ajeno del gestor o político de turno, que la viga en el propio. Es obvio que, en una sociedad democrática como la nuestra, debemos pedir responsabilidades, sobre todo a los que gestionan mal o hacen propuestas totalmente prescindibles. Pero antes, no olvidemos que en la supervivencia del sistema sanitario publico responsabilidad, tenemos todos.

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