Salud y sexo ¿truco o trato?

eyaculacionprecoz01_2En los últimos años se han comercializado nuevos tratamientos que, según la publicidad, vienen a paliar trastornos como la disfunción eréctil o la eyaculación precoz que azotan sin compasión a los integrantes del ex-sexo fuerte. Como todos conocen, la aparición en el mercado de sildenafilo y sus congéneres (tadalafilo y vardenafilo), fue todo un acontecimiento mediático, prueba de la leve línea que separa en muchos trastornos las cuestiones puramente clínicas de la crónica social. La comercialización de la famosa píldora azul ha sido de gran interés por muchos motivos: por ejemplo, la campaña publicitaria explotó en España todos los resquicios legales habidos y por haber: prohibida la publicidad directa del medicamento al consumidor, se hizo publicidad a gran escala del trastorno al que iba dirigido. Algo así como «no, no le vamos a hablar de Viagra -porque no podemos- pero sí de SU problema, para el que nosotros tenemos LA solución». Si se considera inadecuada la publicidad directa de los medicamentos a los pacientes, no entendemos la tolerancia demostrada por las autoridades sanitarias hacia la publicidad directa de la enfermedad, que muchas veces magnifica la importancia del problema o da mensajes bastante retorcidos (el lema «si quieres, puedes» lleva implícito el mensaje de que si no puedes… es porque no quieres). Como vemos, la comercialización de los inhibidores de la fosfodiestereasa ha puesto sobre la mesa lo mejor y lo peor de la industria farmacéutica: sería injusto no reconocer que, al margen de intentar ampliar la base social de la disfunción eréctil, metiéndose de lleno en el disease mongering, se ha hecho por fin visible un trastorno muy relevante para muchos pacientes para el que hoy hay una solución segura y eficaz.

Como consecuencia del estruendo ocasionado con su comercialización, sildenafilo -fármaco que en su día se diseñó para tratar la hipertensión pulmonar y del que acaba de autorizarse el primer genérico– quedó, como el resto de los fármacos de su grupo, fuera de la financiación pública cuando hay pacientes en los que estos fármacos mejoran sustancialmente la calidad de vida. Mientras, se da la paradoja de que los inhibidores de la fosfodiesterasa 5 se han convertido en una droga recreativa de uso habitual entre los que menos la necesitan, pero pueden pagarla.

Este año hemos asistido al segundo capítulo de esta -intuimos- larga historia: la comercialización de dapoxetina (Priligy, Janssen-Cilag), para el tratamiento de la eyaculación precoz. La primera noticia que tuvimos de este fármaco no fue en el BMJ, JAMA, Lancet o similar, sino en Men’s Health, revista orientada a un público generalmente joven, varón y preocupado por su aspecto físico y su apariencia. Al leer el artículo sentimos un déjà vu: el lanzamiento repite los defectos y virtudes del de los inhibidores de la fosfodiestereasa (promoción de la enfermedad, uso intensivo de los medios de comunicación, sobre todo Internet, intervención de autoridades en la materia que dan un barniz científico al tema…), si bien -como se puede comprobar- en este caso se promociona sin ningún pudor el fármaco, mientras en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios suena la música de cuerda.

Al margen de todo lo que hemos hablado ¿qué evidencia sustenta el uso de los fármacos utilizados para hacer posible o mejorar las relaciones sexuales? En relación a los inhibidores de la fosfodiestereasa, la revista Annals of Internal Medicine ha publicado en la sección Early-Release Articles una revisión sistemática patrocinada por la Agency for Healthcare Research and Quality que ha servido de base evidencial para que el American College or Physicians elabore una guía de práctica clínica titulada Hormonal Testing and Pharmacologic Treatment of Erectile Dysfunction: A Clinical Practice Guideline From the American College of Physicians. En cuanto a los inhibidores de la fosfodiesterasa, la principal conclusión de la revisión es que estos fármacos son eficaces en el tratamiento de la disfunción eréctil, con un perfil de seguridad y eficacia muy similar. No obstante lo anterior, los autores de la revisión sistemática reconocen que las conclusiones están lastradas por las limitaciones inherentes a la baja calidad y la escasa duración de los estudios y terminan haciendo una sonrojante alusión al CONSORT como forma de mejorar la forma en que se exponen los resultados de los ensayos clínicos en esta indicación.

En cuanto a dapoxetina, es un fármaco inhibidor de la recaptación de serotonina que ha sido lanzado al mercado para tratar la eyaculación precoz, aprovechando la interferencia que estos fármacos producen en la vida sexual de los pacientes que los toman. Hábil maniobra del laboratorio promotor, que ha preferido probar suerte en una indicación tan polémica, antes que comercializar el enésimo antidepresivo con idéntico mecanismo de acción que fluoxetina. Hemos realizado una búsqueda utilizando el siguiente filtro en PubMed Clinical Queries:

(«dapoxetine»[Substance Name] OR «dapoxetine»[All Fields]) AND (randomized controlled trial[Publication Type] OR (randomized[Title/Abstract] AND controlled[Title/Abstract] AND trial[Title/Abstract]))

La búsqueda nos devuelve 13 entradas, de las cuales 1 es un editorial, 6 son estudios sobre aspectos farmacocinéticos de dapoxetina, 1 es una validación de un instrumento para evaluar la eyaculación precoz y 5 son ensayos clínicos sobre la seguridad y eficacia de este ISRS en la nueva indicación. De éstos, 4 comparan dapoxetina y placebo y el restante, con paroxetina. De los estudios anteriores destacamos que, en términos generales son de corta duración (9-24 semanas) lo que tiene relevancia en relación a la seguridad, que la variable de resultado más utilizada es el tiempo de latencia eyaculatoria intravaginal (variable orientada a la enfermedad, no al paciente), que los resultados son discretos y que en el estudio con paroxetina ésta es más eficaz que dapoxetina. Los efectos adversos más frecuentemente comunicados fueron: cefaleas, mareos, náuseas, diarrea, insomnio y cansancio.

Como resumen a todo lo anterior, observamos con bastante decepción cómo las grandes corporaciones farmacéuticas continúan poniendo el acento en la promoción antes que en la investigación. Esto es, se cuida más que el mensaje llegue al potencial consumidor, aunque llegue distorsionado por el eco de los argumentos publicitarios, que la solidez del expediente científico del producto. Sin duda alguna, sildenafilo, tadalafilo, vardenafilo y dapoxetina son -con las reservas propias- medicamentos seguros y eficaces en sus indicaciones. Pero a esta conclusión se ha llegado después de muchos años en el mercado y millones de tratamientos, antes que de una sosegada lectura de la evidencia disponible. Las críticas de la AHRQ en su revisión sistemática, son más que elocuentes. Con dapoxetina, se repiten los errores del pasado: los del laboratorio promotor y los de las autoridades sanitarias, que parece que ni están ni se las espera.

Mientras esto ocurre, estos productos son devorados por millones de personas, muchas de las cuales no los necesitan, como una chuche más de fin de semana, o para paliar los desastrosos efectos del alcohol, las drogas de diseño y el natural cansancio de la madrugada sobre su rendimiento sexual. Por supuesto que no vamos a dar aquí clases de moral, ni mucho menos de sexualidad. Pero estos fármacos no son inocuos y hay muchos que los compran fuera del canal farmacéutico, los toman a las dosis más peregrinas, sin tener en cuenta sus contraindicaciones, interacciones y efectos adversos y los mezclan con todo tipo de sustancias. Ni que decir tiene que recomendamos leer la ficha técnica a todos los potenciales consumidores (no hace falta ser médico o farmacéutico para comprender su contenido), pero también animamos a los laboratorios patrocinadores a ejercer su responsabilidad social corporativa -ahora que tan de moda está- haciendo una promoción juiciosa de estos productos y contribuyendo a mejorar la educación sexual de la población, que visto lo visto, sigue siendo una asignatura pendiente. O dicho de otra forma, como estamos en tiempo de Halloween y aquí no caben medias tintas, tendrán que decidir entre truco… o trato.