Benzodiacepinas

Prescripción y deprescripción de benzodiacepinas (y 2)

breaking-chains.jpg

Decíamos ayer que las benzodiacepinas (BZD) tienen un coeficiente beneficio/daño que se mueve en el filo de la navaja. Y que cuando analizamos su uso vemos que en las potenciales áreas de mejora hay muchos aspectos que amenazan la seguridad del paciente, como la posibilidad de que se sobreutilicen en sus indicaciones (insomnio, ansiedad) sin haber exprimido (o ni siquiera haberlo intentado) el abordaje no farmacológico -contribuyendo así a una medicalización injustificada- la posibilidad de que el tratamiento se cronifique de forma innecesaria o que se provoquen efectos adversos como la sedación (caídas, accidentes laborales, de tráfico) deterioro cognitivo o neumonías, entre otros. Y todo ello bajo la sombra de la sospecha que provocan la amplia variabilidad en la prevalencia de uso observada (por ejemplo, en Andalucía) amén de una posible selección inadecuada del fármaco o la dosis.

Todo lo anterior -insistimos que nos movemos en el terreno de lo posible– son motivos más que suficientes para que, a la hora de revisar los tratamientos, las benzodiacepinas sean objeto de deseo del deprescriptor. A menudo hemos escuchado que la deprescripción de estos medicamentos es patrimonio inmaterial del mundo académico, con poco predicamento en la práctica clínica diaria. En el post de hoy vamos a repasar varias estrategias de deprescripción de BZD que se han ensayado -algunas con gran éxito- para acercar el mundo de los amanuenses al de los clínicos. Sin duda alguna, las dos caras de una misma moneda. Vamos allá… (más…)

Prescripción y deprescripción de benzodiacepinas (1)

Las benzodiacepinas (BZD) serían el paradigma del uso inadecuado de los medicamentos si los opioides, los antimicrobianos, los medicamentos para la prevención de fracturas, los antiinflamatorios no esteroideos o los antiulcerosos -por no extendernos- no existieran.

Utilizadas principalmente para tratar el insomnio y los síntomas de ansiedad, su uso se convierte en problemático cuando se usan en indicaciones en las que su eficacia es -si acaso- mínima (insomnio/ansiedad leves, depresión) el tratamiento se cronifica o se usan dosis inadecuadas (sobre todo en ancianos o pacientes con insuficiencia hepática y/o renal). Todo lo anterior hace que las BZD frecuentemente se asocien a efectos adversos potencialmente graves como una excesiva sedación (incremento del riesgo de caídas, fracturas, accidentes de tráfico, accidentes laborales) riesgo de deterioro cognitivo, dependencia física/psíquica, tolerancia, neumonías y mortalidad, entre otros.

Con este panorama, esto es, un coeficiente beneficio/daño que se mueve en el filo de la navaja, cabría pensar que la exposición de la población a estos medicamentos es baja, sobre todo en ancianos (más si son frágiles) y en poblaciones especiales (IH, ERC, mujeres embarazadas).

Captura

Pero la realidad -al menos en España- es otra. Como puede verse en los datos proporcionados por la AEMPS (que no han tenido tiempo de actualizar en los últimos 5 años) la prevalencia de uso de ansiolíticos e hipnóticos en 2012 era de 89,3 DHD, registrándose un incremento inexorable desde 2000 (56,7 DHD). 

Una mirada a lo acontecido en Andalucía en 2018 nos permite concluir que la evolución seguida no es, precisamente, satisfactoria:

Captura.PNG

En estas circunstancias, creemos que urge dedicar un par de chuletas -qué menos- a la prescripción y deprescripción de BZD en las que, de forma telegráfica, vamos a repasar los aspectos más importantes para hacer un uso seguro y eficaz de estos medicamentos. Comenzamos… (más…)

(NPS) Con la ansiedad como excusa

ANSIEDAD_3Hoy vamos a comentar el último número del NPSNews, la publicación insignia del National Prescribing Service que, con el título Which treatment for what anxiety disorder? se ocupa del espinoso asunto de los trastornos de ansiedad. Según nos cuentan sus autores, 1 de cada 5 personas atendidas en atención primaria sufrirán los síntomas de un trastorno de ansiedad a lo largo de su vida. El abordaje psicoterapéutico es, en la mayoría de los casos, el más adecuado para controlar los síntomas y mejorar la funcionalidad del paciente. Y si esta estrategia no es suficiente y es necesario añadir un fármaco, los antidepresivos son la mejor opción. La terapia cognitivo-conductual y los antidepresivos tienen una efectividad similar en el trastorno de ansiedad generalizada y las fobias sociales. Pocos estudios han comparado directamente los dos tratamientos (solos o combinados) y no se conoce la eficacia comparada a largo plazo. Sí se sabe que la respuesta a placebo es, en cualquier caso, importante y que en relación al tratamiento farmacológico, los antidepresivos son más efectivos que las benzodiacepinas en el tratamiento de la angustia ligada al trastorno de ansiedad generalizada, sin producir tolerancia ni dependencia. En relación a las fobia social, varios ensayos de corta duración (12-24 semanas) han demostrado que fármacos como escitalopram, fluvoxamina, paroxetina, sertralina y venlafaxina tienen una eficacia similar aunque diferente perfil de efectos adversos. En cuanto a la selección de fármacos, los autores nos resumen en el siguiente cuadro sus recomendaciones:

adans

¿Y las benzodiacepinas? En general, las benzodiacepinas deben reservarse para utilizarlas en tratamientos cortos, en personas que no hayan respondido al menos a dos tratamientos (por ejemplo, psicoterapia y antidepresivos). Esto es debido a que, como es de dominio público, producen dependencia -particularmente problemática en personas con antecedentes de alcoholismo o abuso de otras sustancias- y síndrome de deprivación, todo lo cual hace que hasta un tercio de las personas que las toman tengan grandes dificultades para dejar el tratamiento.

Como decíamos en el título, hoy vamos a utilizar la ansiedad como una excusa para poner sobre la mesa varios documentos importantes sobre el tratamiento de los distintos trastornos descritos: (más…)