(NEJM) Efectos del ayuno intermitente sobre la salud, el envejecimiento y la enfermedad

Captura.JPG
By @banderaempodera

En pleno atracón navideño,  The New England Journal of Medicine  ha publicado una revisión sobre el impacto del ayuno intermitente en la salud, el envejecimiento y la enfermedad. Para que luego digan que los useños no tienen humor. Te podemos imaginar leyendo este post entre mazapanes, turrones y demás parafernalia gastronómica pero hemos pensado que, por su relevancia, te puede interesar su contenido -incluso a nivel personal- para la lista de buenos propósitos de 2020.

Ahora que acaba el año y es tiempo de introspección nos vamos a permitir recordarte que tu línea genética ha sido -hasta ahora- inmortal. Así que, en tus divagaciones, puedes imaginarte a ti mismo (en realidad, a tus ancestros) hace cien o mil años y fantasear sobre las guerras, enfermedades, hambrunas o sequías a las que has sobrevivido. Efectivamente, hace 10.000 años no tenías frigorífico. Ni podías pedir la comida por teléfono. Seguramente, no hacías 5 comidas al día. Ni tenías la oportunidad de desayunar opíparamente antes de trabajar. O de merendar, para matar el gusanillo entre el almuerzo y la cena. Además, hace 2.000 años no eras tan sedentario como ahora porque tenías que moverte para subsistir en un entorno mucho menos amigable que el actual.

Como sabes, las principales fuentes de energía de las células son la glucosa y los ácidos grasos. Una restricción energética de 10-14 h o más produce una depleción del glucógeno hepático, lo que provoca una hidrólisis de los triglicéridos que, hasta ese momento, vivían plácidamente en tus michelos. Los ácidos grasos resultantes son transformados por el hígado en cuerpos cetónicos (acetoacetato y β-hidroxibutirato) y en estas circunstancias se convierten en en la principal fuente energética del organismo. Sobre todo, para pasmo de algunos, del cerebro.

Diversas investigaciones han puesto de manifiesto que el intercambio entre fuentes energéticas tiene profundas implicaciones sobre la salud y el envejecimiento a través de la activación de rutas metabólicas que mejoran la resistencia al estrés metabólico y oxidativo y promueven la reparación celular. Por ejemplo, los ácidos grasos libres activan los factores de transcripción del receptor de peroxisoma-proliferador-activado gamma (PPARγ) y el factor 4 de activación de la transcripción, lo que permite la producción y liberación del factor 21 de crecimiento de fibroblastos, una proteína con amplios efectos celulares en el organismo y el cerebro. Por otra parte, los cuerpos cetónicos pueden metabolizarse a acetilCoA generando ATP en el ciclo de Krebs, mientras que los bajos niveles de glucosa y amino ácidos durante el ayuno reducen la actividad de la vía mTOR (diana para rapamicina en células de mamífero) y estimulan la autofagia. Así mismo, la restricción energética estimula la biogénesis y el desacoplamiento mitocondrial.

Captura.JPG

En definitiva, las evidencias disponibles en la actualidad ponen de manifiesto que el ayuno produce una respuesta metabólica adaptativa que tiene como objetivo restaurar la homeostasis y que nos confiere mayor resistencia ante nuevos desafíos a través de una mejora de los mecanismos antioxidativos y antiinflamatorios.

Hasta hace poco, los estudios en modelos animales sobre los efectos del ayuno se han centrado en el envejecimiento y la esperanza de vida, observándose que la magnitud del efecto está muy influenciada por circunstancias como el sexo, el tipo de dieta, la edad y factores genéticos y que van más allá de lo esperable por la pérdida de peso. En humanos, aunque en una fase aún muy preliminar, las investigaciones apuntan a una mejora en la obesidad, resistencia insulínica, dislipemia, HTA y procesos inflamatorios, habiéndose estudiado el impacto en enfermedades cardiovasculares, cáncer y otras como asma y esclerosis múltiple.

Aunque faltan ensayos clínicos que cimenten la seguridad y eficacia del ayuno intermitente en los distintos escenarios en los que su uso es prometedor, comienza a fraguarse un cuerpo de conocimiento muy interesante, sin obviar las limitaciones de esta práctica, como el cambio cultural que supone realizarla, que no está exento de efectos adversos (hambre, irritabilidad, falta de concentración) aunque son leves y pasajeros y que la mayoría de los profesionales de la salud carecen de conocimientos para integrarlo en la práctica clínica habitual (ver, a continuación, algunas propuestas).

Captura.JPG

Colofón El ayuno intermitente no es una dieta milagro. De hecho, ni siquiera es una dieta, sino que consiste en prolongar voluntariamente el período de ayuno que todos experimentamos desde que cenamos hasta el desayuno con distintas estrategias: por ejemplo, saltarse la cena, el desayuno o ambas comidas. Hay muchas formas de plantearlo lo que unido a los distintos perfiles de pacientes, las diversas patologías en las que es plausible su beneficio y que es una herramienta contra mercado (comer menos, consumir menos) complican su avance evidencial.

Aún así, el ayuno (lo de intermitente es una obviedad) se va abriendo paso como una estrategia relativamente cómoda y aceptable por el paciente para lidiar con el exceso de grasa, que tiene relevantes derivadas metabólicas y antiinflamatorias cuyos beneficios comienzan a vislumbrarse en el horizonte. Y todo lo anterior sin tener en cuenta su efecto combinado con el ejercicio físico en sus distintas modalidades (entrenamiento aeróbico, de resistencia, mixto) o el descanso.

En fin, todo un mundo por descubrir en el que no pocos clínicos comienzan a hacer sus pinitos incluso a nivel personal dado que -por lo general- es una práctica segura que podemos interrumpir en cualquier momento, pero que no recomendamos a los legos en la materia sin la supervisión de un profesional de la salud. En este sentido, queremos apuntar a fuentes como Borja Bandera o Marcos Vázquez -por poner solo 2 ejemplos- quienes atesoran en sus canales digitales abundante información para los más interesados sobre esta herramienta.

Algo tendrá el agua, cuando la bendicen, reza un viejo refrán. Y algo tendrá, así mismo, el ayuno, cuando toda religión que se precie lo promueve entre sus seguidores como forma de purga física y espiritual. Amén.

Y feliz 2020.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .