Día: 22 mayo 2017

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IMAG1108Dicen que fue Penn Warren quien dijo aquello de que En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver. Y lo que vemos es la vida. Por reflexiones como ésta, hoy quería regalarte -regalarme- uno de esos poemas de Marwan que te dejan el alma sin aliento.

Pero cuando me he puesto manos a la obra, me he acordado de una de las creaciones de Gil de Biedma que llegó a mis oídos en la voz de José María Sanz (Loquillo) a través de un disco titulado La vida por delante. Era 1994 y yo tenía 27 años y la vida por delante. Muchos tiempo después, quiero recuperar aquellos versos que suenan tristes, melancólicos, en la voz del poeta y a los que Gabriel Sopeña sumó su talento para crear una obra excepcional que forma parte de mi particular banda sonora.

Versos que nos recuerdan machaconamente nuestra fugaz fugacidad. Ésa que -irónicamente- le da sentido y grandeza a este preciso instante. Versos que nos dan luz que nos permite ver la Vida. Y que dicen así:

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde ­
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos ­
envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

No volveré a ser joven. No lo echaré de menos. Se abre el telón del segundo acto. Disfrutémoslo juntos aunque de sobra sabemos cuál es el argumento de esta apasionante aventura. O quizás sólo por eso…