Día: 20 diciembre 2015

El día D

IMAG0447.jpgRepasando lo que ha sido 2015 en este blog he caído en la cuenta que esta entrada es la número 500. Ni por asomo pensé en un lejano mes de agosto de 2009 que esta aventura, este punto y seguido semanal, este intento -a veces baldío- de reflexión, llegaría tan lejos. Me has oído decir muchas veces que escribo para mí. Es mi legado para mí mismo. Legado que trata de alejarme del olvido. Ése que se produce cuando ya no estás y eres un recuerdo, perecedero, en la mente de quienes te conocieron, te quisieron o ambas cosas. Sé que es una misión imposible  y que estos mensajes, rumbo a un mar infinito, navegarán hasta embarrancar en algún recodo del tiempo.

Ahora que nadie escucha, estás -como siempre- a mi lado. Te noto ausente, embebida en los mil asuntos que, a veces, forman remolinos en el cauce de la vida. Pero sé que sigues aquí. El año que viene va a ser, sin duda alguna, importante. Podremos llamar nuestra, a nuestra casa. Ésa que hace tiempo hicimos nuestro hogar. Y entre el ruido de fondo de lo cotidiano veremos pasar con rapidez los días. Días que transcurren sin solución de continuidad entre un cálido despertar y un cálido adormecer. Reiremos y lloraremos por aquello que nos une o nos separa. Pero juntos. Y celebraremos, juntos, cada obstáculo que intentemos saltar a sabiendas de que, algunos, serán insalvables.

Ahora que sé que todos mis futuros son contigo, te pediré de nuevo ayuda para mis proyectos. Sala de lectura se hará de papel, el congreso me diluirá, habrá más cambios y estarás, orgullosa, a mi lado. Casi tanto como lo estoy yo de ir cogido de tu mano por este camino de arena. Arena que, lentamente, va cayendo al otro lado del reloj que marca nuestro tiempo.

Pero hablaba del día D. D de deber, de dar, de desear, de decisión, de disfrutar, de dolor. De digo y de Diego, porque no hay ejercicio más sano que rectificar cuando es necesario. Descubrir que vas pasando por mi vida y nunca acabas de pasar. Volver a recordar el día que, en el borde del precipicio, me empujaste y comencé a volar. O cuando elegiste cara y yo cruz, pero la moneda cayó de canto haciendo posible nuestra historia. Una historia que tiene su reflejo en un blog escrito con d de diversión y de duda. Que hoy hace quinientos, con el tiempo justo para, con una última d, dedicarte esta entrada…

Feliz Navidad.