Día: 18 junio 2012

(N Eng J Med) Los anticonceptivos hormonales son seguros en relación a los episodios trombóticos, pero no están exentos de riesgo

En los últimos años los supermercados se han llenado de alimentos que se atribuyen propiedades terapéuticas. Unos aseguran bajar el colesterol. Otros, viejos conocidos, se arrogan la capacidad de mejorar nuestro sistema inmunitario, avalados por estudios científicos que hacen de las variables subrogadas, con nulo impacto directo en la salud, un arte. A pesar de los reveses sufridos en los últimos años y de las críticas recibidas, la historia continúa. Y ahora otro blog ha dedicado dos entradas al yogur más caro del mundo, cuya lectura -como profesionales de la salud y consumidores- recomendamos. Parece que la publicidad de los alimentos -incluso la engañosa-no es competencia de nadie, a pesar de ser un tema con un gran impacto potencial sobre la Salud Pública. No olvidemos que al médico van unos pocos. Pero comer, comemos todos.

Pasamos al tema de hoy. Desde la irrupción en el mercado hace ya cinco décadas, los anticonceptivos hormonales arrastran una pesada fama de inseguros. Estos fármacos, han permitido a millones de personas elegir cuándo tener descendencia y, en términos sociales, han sido un elemento clave en la incorporación de la mujer al mercado laboral. Con 2 o 3 hijos, compatibilizar trabajo y hogar es harto complicado. Con 14, imposible. Para disminuir tanta incertidumbre, se ha publicado en The New England Journal of Medicine un interesante estudio cuyo objetivo ha sido evaluar el riesgo de sufrir un ACV isquémico o un IAM asociado al consumo de estos fármacos, en función de la dosis de estrógeno, tipo de progestágeno y vía de administración. Las conclusiones de este mega-estudio son reveladoras…

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