Día: 22 diciembre 2011

Epílogo a la Iniciativa por una #PrescripciónPrudente

Se acabó lo que se daba. Durante un par de semanas Asun, Cecilia, Enrique, Rafa y un servidor, hemos bombardeado el Mundo desde nuestros blogs, la página creada en Facebook o los titulares de Twitter. Han sido días de un trabajo intenso, en el que la comunicación ha sido constante entre los cinco. Daba igual el canal: unas veces WhatsApp, otras, Google Talk, las más, el correo electrónico. El caso era que surgían imprevistos, trabajábamos contrarreloj y se necesitaban soluciones instantáneas. Ni que decir tiene que me he visto arrollado por la carga de trabajo. Y que he necesitado invertir muchos días de mis vacaciones en esta aventura. Pero los doy por bien empleados. El resultado inicial, lo merece: decenas de miles de visitas y una buena acogida por el resto de los compañeros.

Si algo nos ha enseñado la Iniciativa por una Prescripción Prudente es que querer es poder. Da igual dónde trabajemos, nuestra titulación o las estrecheces laborales que estemos sufriendo. Cuando la ilusión mueve el teclado del ordenador, las ideas fluyen y no hay horario ni calendario para seguir adelante.

La Iniciativa por una Prescripción Prudente no hubiera sido posible sin la desinteresada colaboración de grandes figuras de la sanidad española, que han dejado para la posteridad un reguero de reflexiones y de ideas que son de aplicación inmediata en nuestros campus de la Salud. Da igual que seas médico, enfermero o farmacéutico, por poner tres ejemplos muy socorridos: los principios recogidos son la base de una actividad asistencial basada en la prudencia, el respeto al paciente y la profesionalidad. Constituyen una vuelta a los orígenes: al primum non nocere y al esperar y ver que se ha practicado desde tiempos inmemoriales en las consultas.

Pero la Iniciativa tampoco hubiera sido posible sin tu concurso: a ti, que no has participado en las discusiones, en la traducción, en el maquetado, en las interminables horas de chat o de teléfono, va dirigido nuestro trabajo. Su objetivo último era sensibilizarte de las consecuencias del uso inadecuado de los medicamentos, hacerte reflexionar y, por ende, darte unas sencillas pautas para que realices -si lo estimas necesario- los ajustes pertinentes. Como dije el primer día, no es cuestión de más euros o más tiempo de consulta, sino de interiorizar determinadas actitudes y determinadas actividades. Al principio cuesta tanto como cambiar de velocidad mientras se pone el intermitente y se mira por el retrovisor. Luego, los movimientos se automatizan y se hacen imperceptibles en la marcha diaria. Por ello, es tan importante trasladar los principios aquí expuestos a los más jóvenes, a los profesionales sanitarios en formación.

Dejo el último párrafo para mis compañeros de fatigas: una médico recién operada, aún de baja, una injusta víctima de los recortes sanitarios y dos perros viejos de la atención primaria que podrían dedicarse a fines más lucrativos. A todos ellos les unen dos cosas: la pasión por su profesión y la ilusión por seguir aprendiendo. Estaremos en la peor crisis de la Historia. Pero mientras en el Sistema Nacional de Salud haya gente de su valía, de su tesón y su valentía, nada estará perdido. Faltan cabezas rectoras que lleven tanta energía a buen puerto. Pero esto, en España, no es nada nuevo. Ya en el Cantar de Mío Cid se leía aquello de qué buen vasallo, si hubiera buen señor

Gracias a todos.

24º principio (bis): busca oportunidades para mejorar los sistemas de prescripción y hacer cambios que hagan más segura la prescripción y uso de medicamentos

¿Ayuda a la toma de decisiones?: sí claro, pero ¿qué decisiones?

*Este texto  y las opiniones que se vierten en el, son de la única responsabilidad del autor. No obstante este trabajo y, en conjunto, toda la Iniciativa para una Prescripción Prudente no serían posibles sin: “el pie de Asun”, “el esfuerzo de Cecilia”, “las ganas de Carlos” y la “prudencia de Enrique”. A todos ellos y a sus propietarios mi más sincero agradecimiento por haberme dejado trabajar con ellos. (más…)

24º principio: busca oportunidades para mejorar los sistemas de prescripción y hacer cambios que hagan más segura la prescripción y uso de medicamentos

El médico, el residente, el diabético y la metformina

Primera toma:

– “Doctor, este medicamento no me ha sentado nada bien” – me dijo el primer paciente de aquella mañana. Miré al residente que estaba sentado a mi lado y volví a la pantalla del ordenador. Se refería a la metformina que había prescrito en la última visita. “Usted me dijo que tenía el azúcar muy alto y que debíamos empezar este tratamiento y me puso tres comprimidos al día de 850 mg ¡Mira que son grandes! No hay quién lo aguante” – remarcó el paciente con énfasis.

– “Pero es necesario que los tome, ya se acostumbrará” – insistí mosqueado. (más…)

23º principio: piensa más allá de los beneficios a corto plazo de los fármacos y valora los beneficios y riesgos a más largo plazo

Desde hacía algunos años leía en revistas médicas, artículos y hasta revisiones de la Biblioteca Cochrane que el cilostazol era un bálsamo para el tratamiento de la claudicación intermitente. En algún ensayo clínico se había evidenciado que cilostazol conseguía una mejoría significativa en la distancia máxima caminada en comparación con pentoxifilina y con placebo, aunque se desconocía si tenía algún efecto sobre el riesgo cardiovascular de estos pacientes.

El cilostazol había sido introducido primero en Japón en 1988 y posteriormente aprobado por la FDA de EEUU en 1999. “¿Cómo es que en España no disponíamos de ese fármaco?”, nos preguntábamos muchos cirujanos vasculares. Los americanos tenían la posibilidad de emplear el cilostazol, mientras que aquí estábamos “a pan y agua” en el tratamiento de la claudicación intermitente. Nos apañábamos con la pentoxifilina, pero no era lo mismo. (más…)