Agosto: relaciones con la Industria Farmacéutica; ¿se puede estar en la trinchera sin llenarse de barro hasta las rodillas?

Volvemos de unas cortísimas vacaciones (o eso nos ha parecido) en las que hemos disfrutado de una desconexión casi total, interrumpida solo por breves incursiones en Twitter, que nos han permitido seguir el pulso de la actualidad informativa. Antes de dar paso al post de hoy -que es la entrega de agosto de la iniciativa APXII que quedó en el tintero antes de irnos y que reproducimos por su excepcional calidad- queremos agradeceros vuestro interés por el blog, que se ha traducido en un importante volumen de visitas y un buen puñado de comentarios. También queremos agradecer las menciones en otras publicaciones y, en particular, la del último número de Infac, titulado Fuentes de información de medicamentos. Y pasamos, sin más dilación al artículo de Javier, June y Jose, que dice así…

Gema está terminando su primer día como estudiante en el centro de salud que le han asignado de prácticas; su tutor, Alberto, un médico de los de la época del inicio de la especialidad le parece un profesional muy competente con una especial capacidad para conectar con sus pacientes. Termina la consulta, pero aún quedan 2 horas para el final de la jornada laboral. En ese momento entra una mujer de unos 35 años, trajeada, (excesivamente) sonriente, que comienza a conversar con Alberto como si fueran grandes amigos. “Será una antigua compañera o la familiar de algún paciente”, piensa Gema para sus adentros, pero acto seguido empieza a hablarle de un nuevo medicamento…

La interacción entre la industria farmacéutica y los diferentes profesionales que forman el sistema sanitario (desde gestores hasta médicos y enfermeras -incluyendo estudiantes-) es algo que se ha instaurado en nuestra vida diaria con completa normalidad. En el caso que a nosotros nos atañe (el de los médicos), éstos han pasado a considerar a la industria farmacéutica no sólo como una investigadora y fabricante de medicamentos, sino incluso como un agente de formación sobre práctica clínica (no sólo medicamentos), girando esta relación entre los médicos y la industria en torno a un acto concreto: la visita médica. A pesar de que por ley el médico no está obligado a recibir a los representantes farmacéuticos, la amplia mayoría de éstos lo hace, ignorando, en gran medida, la influencia que esto tiene sobre su prescripción (aunque sí que reconozcan esta influencia en sus compañeros)(1).

En nuestra opinión, la relación entre la industria farmacéutica y los profesionales sanitarios tiene que estar regulada para poder responder con independencia (tanto clínica como formativa) a los intereses que rigen la acción de la industria, pudiendo ser estos intereses -económicos- muy dañinos para los pacientes, el sistema sanitario, nuestra práctica clínica y el desarrollo de la ciencia.

Los médicos que defienden la independencia del médico en sus relaciones con la industria no lo hacen motivados por un fundamentalismo ideológico, sino por el deseo de lograr una mejora en la calidad de la asistencia clínica y de la formación teórica, movidos por los resultados de los estudios que muestran que la influencia de la publicidad en la prescripción de los médicos es de mayor magnitud que la de los artículos científicos publicados en revistas médicas. (2)

Desde un punto de vista meramente operativo, la visita de los representantes a los médicos plantea tres problemas:

A.- Supone una merma en el tiempo que podría dedicarse a actividades de formación, investigación o docencia.

B.- El médico se hace eco de información sesgada (ocultación de estudios con resultados negativos, confección de escalas modificadas -y no veraces-, folletos publicitarios con afirmaciones erróneas -o fraudulentas-), promoviendo en los médicos una actitud pasiva frente a la búsqueda de información científica.

C.- La recepción de regalos por parte del médico puede suponer, según de qué se trate, una práctica en los límites de la legalidad según la Ley del Medicamento (a pesar de que Farmaindustria haya confeccionado un código autorregulador de buena conducta que en ocasiones no se ve cumplido).

La industria farmacéutica no es buena ni mala per se; es un motor del sistema sanitario y un eje imprescindible en lo que ha sido la mejora de la salud de la población en los últimos 50 años (aunque de menor impacto que el saneamiento de los espacios públicos o la generalización del acceso al agua potable, por ejemplo); por ello es esa vertiente investigadora la que debe ser potenciada (en la actualidad la inversión de las big-pharma en I+D es de un 15% frente al 40% dedicado a marketing), intentando evitar, regular y mantenerse independientes de las estrategias de ventas que puedan llevar a cabo para maximizar sus beneficios, tales como: (3)

A.- Promoción de enfermedades (disease mongering): mediante la medicalización de estados no patológicos (timidez, calvicie, menopausia) o tratando de bajar los umbrales diagnósticos y terapéuticos (por ejemplo, los objetivos de cifras tensionales o las cifras deseables de HbA1c en los pacientes diabéticos).

B.- Comercialización de fármacos “me too”: la generación de medicamentos que no suponen para la práctica  ningún aporte significativo -y cuya investigación cuesta a la industria farmacéutica un 30% menos que si se tratara de una molécula innovadora- es una de las estrategias de la industria farmacéutica para maximizar beneficios y eludir los vencimientos de las patentes.

C.- Dinamización de la adopción de innovaciones farmacológicas: mediante cursos de formación, contratación de líderes de opinión, impregnación de las guías de práctica clínica, financiación de  sociedades científicas y sociedades de pacientes…

Hoy en día, con el acceso a internet presente en la mayoría de nuestros domicilios y teléfonos móviles (aunque aún no en todas nuestras consultas), aludir a la necesidad de acceder a la formación que proporciona la industria farmacéutica para perpetuar la actual relación con la misma parece un argumento ciertamente pobre y superficial; multitud de iniciativas institucionales (CKSNICEBoletines de Información Terapéutica) y no institucionales (listas de correo electrónico, blogosfera sanitaria, seminarios independientes) han surgido ofreciendo a los profesionales sanitarios fuentes de información veraz, contrastable e independiente de intereses económicos.

Pero no sólo los médicos son objeto de relaciones con la industria farmacéutica que deberían ser reguladas; desde estudiantes hasta gestores de centros sanitarios y consejeros/ministros de sanidad mantienen relaciones que ponen en entredicho su independencia a la hora de la toma de decisiones. En el caso de los estudiantes, los estudios publicados muestran que un elevado porcentaje de los mismos han tenido algún contacto promocional con la industria farmacéutica, mostrándose más conscientes de la influencia que esto puede tener sobre su futura prescripción que los médicos ya licenciados; en el año 2006 JAMA (4) publicó un artículo en el que se realizaban algunas recomendaciones sobre las relaciones que las universidades debían tener con la industria farmacéutica en lo relativo a la formación de pregrado (aplicable tanto a estudiantes como a profesorado); en dicho artículo se decía lo siguiente:

“More stringent regulation is necessary, including the elimination or modification of common practices related to small gifts, pharmaceutical samples, continuing medical education, funds for physician travel, speakers bureaus, ghostwriting, and consulting and research contracts”

[“Es necesaria una regulación más estricta que incluya la modificación o eliminación de prácticas habituales relacionadas con pequeños obsequios, muestras de productos farmacéuticos, formación médica continuada, subvención de viajes, agendas de conferenciantes, publicación de artículos con firma fantasma, contratos de consultoría e investigación”]

La formación universitaria debe caracterizarse por la formación de un espíritu crítico que se aleje de los intereses empresariales y capacite a los futuros médicos para generar un entorno formativo con capacidad de crítica (incluyendo comprensión de información científica, uso racional del medicamento, habilidades comunicativas -in situ y en red-,…) que se pueda perpetuar durante sus años de ejercicio profesional, sin verse directa o indirectamente condicionados por aquellos agentes que puedan tener, en ocasiones, intereses muy diferentes a los de los estudiantes, médicos y/o pacientes.

En resumen, es necesario que la transparencia permeabilice nuestras relaciones con la industria farmacéutica; hay que transformar los espacios actualmente reservados a la “visita médica”  en tiempo para dedicar a la formación, docencia e investigación, fomentando, por encima de todo, una actitud crítica e independiente en nuestro trabajo diario. Cambiar la práctica clínica es una tarea difícil, y mejorar los hábitos de prescripción, un reto; pero aprender a hacer las cosas bien desde el principio, es algo que debería estar en nuestras manos.

En ocasiones la mejor forma de generar sinergias (palabra de moda) es dedicarse a lo que uno mejor sabe hacer: la industria farmacéutica a diseñar, fabricar y comercializar fármacos innovadores frente a los mayores problemas de salud de la población; los médicos a tratar de mejorar la salud de su población mediante una buena práctica clínica empática basada en una formación crítica e independiente.

AUTORES (p.o. alfabético)

Javier Padilla. MIR Medicina Familiar y Comunitaria. Co-autor de medicocritico . Miembro de NoGracias. [@javierpadillab]

June Udaondo. Médico. R0 de quién-sabe-qué. (co)coordinadora de Farmacriticxs. Recién incorporada a medicocritico [@Txun_Lee]

Jose Valdecasas. Psiquiatra. Co-autor del blog postpsiquiatria [@jose_valdecasas]

COLABORADORES (p.o. alfabético)

Montse Bosch y Roser Llop (@sietes7). Fundació Institut Català de Farmacologia Barcelona

MATERIALES COMPLEMENTARIOS

Decálogo para una formación independiente. Udaondo J. Padilla J. [formato PDF]

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8 comments

  1. Excelente artículo, felicidades y gracias por disentir de la vergüenza. Cambiar el mundo es esto: pequeños gestos, como el de Vds., al menos hasta donde alcance nuestra mano.

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  2. PLas, plas.
    Anoto un comentario por si algún profe de universidad toma nota: hace unos meses, hice una sesión a residentes de varias especialidades con temática Uso Racional del Medicamento. Me base en el libro de referencia: Manual de la buena prescripción de la OMS. Entre el contenido, introduje el tema de las relaciones con la industria, y la necesidad de mantenerse actualizado. Como no, fuentes de información, y sesgos de publicación, y de promoción. ¿Sabéis la cantidad de estudios que hablan sobre la falta de preparación del médico, ante una “visita médica”? Quizás para darse cuenta de que hay que ser crítico y juicioso, convendría dar algo de materia sobre esto en las facultades. Hay todo un arte en las técnicas de promoción de medicamentos,…

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    1. Gracias, María. Efectivamente, o estoy muy equivocado o uno de los problemas que tenemos es que el uso adecuado de los medicamentos y la MBE no han calado en los planes de estudios de los profesionales sanitarios. No solo de los médicos. Es penoso acudir a universidades como la de Granada y encontrarte, 25 años después, con la cruda realidad. Desde aquí lanzamos el guante a ver si lo recoge alguien. Claro que a lo peor aún hace mucha caló para tanto guante…
      Un saludo.
      CARLOS

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  3. El artículo es excelente y la realidad me indica que esta realidad es desesperanzadora. Vivimos en un mundo donde la mayor de las “vocaciones” es el dinero. La Industria Farmacéutica opera con totalimpunidad según bien se describe en vuestra reflexión. Los médicos, en su mayoría, ante la falta de un estímulo superador, se doblegan frente a la facilidad de una información “digerida y adaptada” según las conveniencias de la IF, mediada por vendedores. Esto se suma a “estímulos” como suscripciones a congresos, viajes, obsequios (muchas veces no tan pequeños dependiendo de la potencialidad prescriptora) etc etc. El vínculo pasa a ser comercial.
    Aún dentro de este esquema que tiene décadas de vigencia, el deterioro en la ética de esta relación, es progresivo, los límites son difusos. Mi pregunta es dónde se detendrá.

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    1. Gracias, Mª Cristina, por tu comentario. Yo no soy tan pesimista. Es verdad todo lo que apuntas, pero en los últimos 10-15 años se ha avanzado bastante en la labor de concienciación de los profesionales sanitarios. Antes se veía como normal lo que ahora (a la vista está) se ve como una forma retorcida de doblegar voluntades. Voluntades de médicos… y de farmacéuticos, enfermeros…
      Un saludo.
      CARLOS

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  4. Perdonar que moleste, pero que los que mas se han resistido al cambio, o sea hacia una mayor transparencia y etica, no ha sido la IF, os lo puedo asegurar, sino los clinicos.
    Cargar las tintas asi contra un sector,,, bueno espero que no os pongais nunca malos y que busqueis a ese clinico, bien formado por internet, suerte. Espero que lo encontreis.
    Carlos por cierto creo, que copiar cosas de un blog algo infantil y desfasado en sus conceptos como que a gente de tu nivel, por cierto tengo entendido que ya hasta Peinado recibe a la IF.
    Me pregunto cuando va un construtor, el que vende las camas, el que vende los fonedos a los clinicos los tratais igual, buscais evidencia de que es el mejor ladrillo, la mejor cama, el mejor fonendo, o tratais a todos lo proveedores igual?.
    Os puedo garantizar que en 11 años que llevo en esto, he visto más sesgo por parte del SAS que de la IF, sino os pongo un ej.: leer la ficha de Evaluación de CADIME del Omeprazol, os puedo asegurar que no os tomariais ni uno, bueno no tomariais nada que se haya comercializado en los ultimos 24 años. Gracias a que los medicos no le hicieron caso sino… bueno existe el bicarbonato. Pero claro es más facil cargar contra la IF, por cierto que muchos (4), de la plataforma no Gracias, fueron invitados a congresos por mi, bueno cuestion de etica, esos son los Eticos….Ole.
    De verdad creerse en la posesion absoluta de la verdad tiene que ser bonito.
    Por cierto esta bien, que la IF, no gaste en Marketing y lo pase a I+D, ok. Y las productividades tan Bestiales (no doy cifras las se), de incentivos que da el SAS en Abril, las destinarias a I+D (no? lo mio no), porque vaya pasta…pero si copiaron a la IF, o os creeis que los medicos se han creido lo del principio activo, pero en que mundo vivimos, me gustaria tener una lupa y ver los botiquines de los clinicos de andalucia. Pero que puedo dar muchos muchos, ejemplos, pero si con los remanentes hay gente que llega a ganar 15.000 euros, el ppa pa tos, menos pa mi. Y no hablo de Gestores, FAP, etc…
    No solo hay que estar en las trincheras, llenarse de Barro, sino hacer las cosas bien, que el que lo agradecere sere yo cuando este enfermo, y necesite a todas las partes del sistema, al medico/enfermero/FAP bien formado, con ganas de hacer bien las cosas y el medicamento de calidad, y no digais que es lo mismo, ir a la India a conocer las fabricas y luego me lo decis, pero no las de “level 4 of FDA”, sino las otras. Y luego hablamos de eso.

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  5. Hola Gregorio:
    No solo no molestas sino que tus opiniones (esté o no de acuerdo con ellas) son bienvenidas. Como sabes, Sala de lectura se adhirió al proyecto APXII y por eso, todos los meses reproducimos la entrada con cuyo contenido nos identificamos y compartimos con todos los amigos de este blog.
    Gracias por tu comentario.
    CARLOS

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