¿Modificar el copago o refundar el SNS?

Hace unos días, Vicente Baos publicó un post titulado El llamado copago ¿Sí o No? cuya lectura, así como de los comentarios suscitados, recomendamos. El tema del copago genera acaloradas discusiones, con partidarios y detractores esgrimiendo como dagas sus afilados argumentos. Después del artículo de Vicente, hemos ido tropezando por la Red con una serie de datos, que queremos compartir:

– El salario mínimo interprofesional para 2.010, es de 630,30 €/mes.

-La pensión mínima de jubilación para mayores de 65 años con cónyuge a cargo para 2.010 es de 725,20 €/mes (679,70 €/mes si son menores de 65 años). La pensión máxima es de 2.466,20 €/mes.

– La tasa de paro en España entre la población de 16-24 años, con más de un 40%, es la mayor de Europa.

– El perfil de la nueva pobreza en España es el de un varón, entre 25-49 años, con hijos a su cargo, desempleado y mayoritariamente extranjero, según la Cruz Roja.

– La falta de adherencia terapéutica, problema de Salud Pública de primer orden en los países desarrollados, es una muestra de las  limitaciones de la prestación asistencial, antes que un problema del paciente.

– El reciclado de medicamentos a través del sistema SIGRE, creció en 2.009 un 13,3%, con una media de 5,99 Kg de envases y restos de medicamentos por cada 1.000 habitantes (≈ 252 toneladas para una población de 42 millones de habitantes).

Con estos datos, rápidamente nos han asaltado tres importantes cuestiones:

– ¿Responde el copago actual de los medicamentos a la realidad social española?

– ¿Debe la Sanidad pública española continuar siendo totalmente gratuita?

– ¿Todo el problema se reduce al ámbito presupuestario?

Sin duda alguna, es difícil abordar este debate sin hacer categoría de la anécdota, caer en la demagogia fácil o en el partidismo más absurdo. El Sistema Nacional de Salud es de todos los españoles: de los activos y los no activos, de los ricos y de los que menos tienen, porque en su día decidimos dotarnos de una Sanidad universal y gratuita, como uno de los pilares del Estado de Bienestar. La situación de crisis actual, es una oportunidad para replantearnos aspectos clave como  los límites de las prestaciones, la situación creada por la fragmentación del SNS como consecuencia de las autonomías o el modelo de financiación de nuestra sanidad. Esto se nos antoja algo clave para asegurar la supervivencia de un sistema a todas luces empobrecido, en todos los ámbitos, en los últimos años. ¿Se pondrán de acuerdo gobierno y oposición –toda la oposición- en un modelo que revitalice el SNS? ¿se aparcarán las diferencias partidistas para darle un impulso a nuestra Sanidad? ¿cómo podríamos los profesionales, hartos de ver cómo languidece el sistema, promover los cambios necesarios?

Muchas preguntas sin respuesta. Y muchas más que van surgiendo conforme escribimos. Como dice el popular dicho, mucho arroz para tan poco pollo. En otras palabras: a estas alturas no esperamos grandes cosas de nuestros políticos, enfrascados en luchas que la partitocracia actual permite y alienta. Una opción mala es seguir haciendo la vista gorda a la realidad de nuestro país y  no introducir cambios profundos en un sistema sanitario que entre todos estamos dejando morir. Pero peor aún sería abordar el copago como una medida para conseguir recursos y continuar la huida hacia ninguna parte, sin introducir ninguna reforma más. Para estos apaños, mejor que no hagan nada. Llegaremos al mismo sitio, pero nos saldrá más barato.

4 comentarios

  1. Excelente comentario. De acuerdo totalmente. Hace unos años (mediados setenta) Vizcaíno Casas puso ya en solfa las autonomías con «las autonosuyas»… y vaya si se ha cumplido (suyas, de los políticos, porque los de a pie, ná de ná).
    Para mí primera medida: Sistema Nacional de Salud: Prestaciones únicas, movilidad de pacientes voluntaria para mejorar listas de espera, calendarios vacunales únicos, farmacia igual en todas partes… y claro cientos de cargos amortizados para ahorrar un disparate. Y si se ha de poner copago, no se lo tirarán a la cara entre ellos los reyezuelos de las taifas.
    Un saludo.

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  2. Totalmente de acuerdo contigo, Carlos. Hay que actualizar la aportación del usuario al Sistema Nacional de Salud a la realidad actual, porque es la única forma de evitar las desigualdades en la asistencia e invertir los recursos económicos de forma eficiente. Hay que dejar atrás la división entre activos y pensionistas, porque ese criterio no refleja la frontera entre los que tienen un poder adquisitivo razonable y los que no, y porque -desde que la sanidad pública se paga con los impuestos de todos- ya no vale aquello de «yo tengo derecho porque he cotizado no-sé-cuantitos años a la Seguridad Social».
    Y hay que decidir en qué prestaciones el usuario tiene que contribuir económicamente y cuáles son «de gratis» (que nunca lo son verdaderamente, se pagan vía impuestos). Porque los presupuestos no dan para pagar todo; de hecho ya hay prestaciones que no están incluidas en la oferta del SNS (asistencia odontológica, por ejemplo) o que son insuficientes (medicina rehabilitadora, fisioterapia). Por ello hay que valorar el coste de oportunidad de cada una de ellas y seleccionar las que contribuyen a una mejor salud de la población.
    Y respecto a la prestación farmacéutica, apostar de una vez por todas por la financiación selectiva, porque las medidas de «recorte» de precios sólo dan resultados a corto plazo y no son más que un parche.
    Un saludo.

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