(Eur j cancer prev) Campeones en cáncer colorrectal. Y ahora ¿qué?

Hay estudios de investigación que tienen el privilegio de saltar directamente a los titulares de la prensa de información general, lo que hace que la difusión de su contenido sea inmediata y su audiencia multitudinaria. Tal es el caso del estudio titulado Incidence and mortality by colorectal cancer in Spain during 1951–2006 and its relationship with behavioural factors publicado recientemente en European Journal of Cancer Prevention, al que hoy vamos a dedicar nuestro comentario.

Con el objetivo de responder a la siguiente pregunta de investigación: ¿qué tendencia ha seguido la incidencia y mortalidad del cáncer colorrectal en el período 1.951-2.006 en España y qué relación ha tenido dicha tendencia con el patrón de consumo de alcohol, tabaco, carnes rojas, pescado y vegetales, la diabetes y otros factores como el sedentarismo y el sobrepeso? los autores han cocinado un elaborado plato cuyos ingredientes principales han sido recolectados del Instituto Nacional de Estadística (muertes anuales de cáncer colorrectal), diversos registros españoles de cáncer (tasas de incidencia de este tipo de tumor en varones y mujeres), Tabacalera (consumo anual per cápita de tabaco) o la Encuesta Nacional de Salud de 2.008 (datos sobre diabetes, sobrepeso, obesidad y actividad física), por poner algunos ejemplos.
Los resultados, no por esperados son menos desalentadores: actualmente, el cáncer colorrectal es la segunda causa de muerte por cáncer en España. Así, durante 2.006 13.101 personas murieron por esta enfermedad, lo que supuso el 12,9% de todas las muertes por cáncer. Por si fuera poco, su incidencia en nuestro país se ha incrementado en ambos sexos en el período estudiado, aunque de una forma más acusada en los varones. Esta situación, opuesta a la que se vive en otros países, es debida -según los autores del estudio- a diversos factores como el consumo de tabaco (que se ha incrementado desde los años 60 de forma constante), el abuso del alcohol (más frecuente en varones), el incremento del consumo de carnes rojas (paralelo al aumento de nuestro nivel de renta) y la disminución del consumo de fruta y verduras y el creciente sedentarismo (que van de la mano del sobrepeso, la obesidad y la diabetes). No obstante lo anterior y de forma similar a lo que ha pasado en otros países, en los últimos años se ha registrado un incremento de la supervivencia en este tipo de tumores (mayor en mujeres), en parte debido a la implementación de protocolos específicos y a la mejora de los tratamientos quimio y radioterápicos. Y todo ello a pesar de que aún no son habituales los programas de cribado.
El comentario a un estudio tan complejo como el que nos ocupa no debe dirigirse tanto a su metodología, como a la coherencia de sus resultados: todos sabemos en los últimos 50 años España ha experimentado el cambio social más intenso de su Historia. Nuestros padres aún recuerdan, por ejemplo, las cartillas de racionamiento, la elevada mortalidad infantil y lacras como el raquitismo, la poliomielitis o el tifus. Ahora que viajamos en primera clase y tenemos unos modernos servicios de salud que han contribuido a modificar el perfil de la pirámide poblacional, nos enfrentamos a nuevos retos. Algunos de ellos son -como el tema que nos ocupa- consecuencia de viejos hábitos perjudiciales muy arraigados en nuestra cultura (tabaco y alcohol) y de otros nuevos (sedentarismo y abandono progresivo de la dieta mediterránea) propios de nuestro actual status de nuevos ricos.
¿Cómo abordar el desafío del cáncer colorrectal? Los autores nos dan pinceladas bastante interesantes: efectivamente, hemos sido timoratos en la lucha contra el tabaquismo. Y no digamos contra el consumo irresponsable de alcohol, con su desgraciada versión del botellón: juntarse para, como dice la canción, beber hasta perder el control. Además,  sabemos que en muchos colegios, la educación física es aún una maría y la educación para la salud, no ha traspasado el umbral de las aulas. No obstante, en este páramo crece con fuerza un brote verde que desamos sea consecuencia de un cambio en las prioridades de nuestras autoridades sanitarias: la reciente publicación de la Guía de Práctica Clínica sobre la Prevención y el Tratamiento de la Obesidad Infantojuvenil es -que sepamos- la primera gran iniciativa de ámbito nacional (en el marco de GuíaSalud) contra la epidemia de obesidad que padecemos. En este contexto, los profesionales sanitarios y no digamos los de atención primaria, disponemos de un medicamento de gran efectividad que habrá de administrarse a grandes dosis en los próximos años: el conocimiento. De esta forma pondremos nuestro granito de arena en la ardua tarea de hacer que nuestros conciudadanos apuesten por unos hábitos de vida saludables. Y de camino, contribuiremos a prevenir enfermedades que, como el cáncer de colon, se asociadan a la mala vida.

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